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Ruta Transibérica jul_2005

 

RUTA TRANSIBÉRICA ESPARTINAS-VENDARGUES

 

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De la Avenida de Vendargues de Espartinas a la Plaza de Espartinas en Vendargues. 1.510 kilómetros.

 

“A RITMO DE FRANCIA I”

 

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            Espartinas, localidad sevillana de la comarca del Aljarafe y Vendargues, pequeña población del sur de Francia situada al norte de Montpellier, se hermanaron hace unos años para compartir muchos programas y actividades de diversa índole. Todos los veranos se producen intercambios entre jóvenes galos e hispanos, con el objeto de conocer otra cultura diferente a la nuestra, sus costumbres, folklore, hábitos, etc.

 

            Este gran proyecto comenzó a fraguarse cuando en mayo de 2.003, diez cicloturistas de Vendargues realizaron la proeza de recorrer en tan solo diez días la distancia que separa ambas villas. Desde entonces, entre nuestros aficionados rondaba la idea de igualar dicha hazaña, y con la gran ayuda del Excmo. Ayuntamiento fundamentalmente, se puso en marcha el proyecto de esta Ruta Transibérica. Con el slogan entre los protagonistas de “A ritmo de Francia”, se iniciaron todos los preparativos, incluyendo un riguroso examen médico. El viaje se dividió en diez etapas:

 

  1. ESPARTINAS – CÓRDOBA. 158,3 Km.
  2. CÓRDOBA – PUERTOLLANO. 158,5 Km.
  3. PUERTOLLANO – ALCÁZAR DE SAN JUAN. 133,4 Km.
  4. ALCÁZAR DE SAN JUAN – VILLAR DE OLALLA (Cuenca). 142,5 Km.
  5. VILLAR DE OLALLA – TERUEL. 150,0 Km.
  6. TERUEL – ALCAÑIZ. 153,6 Km.
  7. ALCAÑIZ – BALAGUER. 141,0 Km.
  8. BALAGUER – PUIGCERDÁ. 154,5 Km.
  9. PUIGCERDÁ – SALLÈLES D‘AUDE (Narbonne). 184,0 Km.

10.  SALLÈLES D‘AUDE – VENDARGUES. 132,1 Km.

 

            Después de un buen consenso, se fijo la salida el miércoles 6 de julio, para llegar a Vendargues el 15 del mismo mes y asistir a la inauguración de su Fiesta local. Otro atractivo más radicaba en la cercanía con el Tour de Francia, que en esa misma fecha llegaba a Montpellier. Nunca lo habíamos tenido tan cerca.

 

            A las ocho de la mañana de la fecha elegida, D. Domingo Salado, Alcalde de Espartinas y D. Juan Pedro Corrales, Concejal de Deportes, recibieron a nuestros quince valientes en el Ayuntamiento. Después de intercambiar unas palabras, nos trasladamos a la Avenida de Vendargues, para inmortalizar la efeméride y despedir definitivamente a nuestro Equipo de Gobierno, familiares y amigos.

 

            La expedición la abanderaba Juan Leal, vicepresidente del Club y responsable de la Sección Ciclista. Le acompañaban en su empeño José Manuel Villanueva, Manuel Pinto, Manuel García, José Pallarés, Francisco González Polvillo, Manuel Carrasco, Julián Morón, Manuel Romero, Francisco Ruiz, Javier Viejo, Fernando Baelo, Rafael Martínez, Félix Guerrero y Miguel Cruz, éste último en asombrosa recuperación de una fractura de clavícula que lo tuvo postrado hasta días antes de la salida. Un gran furgón de apoyo cerraba la caravana conducido por Rafael Martínez padre. Las edades oscilaban entre los 15 años de Rafael Martínez, nuestro benjamín y los 69 de Manuel Carrasco. El minipelotón se puso en marcha rumbo a lo desconocido con gran ilusión y todas las ganas del mundo, en este “petit tour” que nos depararía tantas satisfacciones y alguna que otra sorpresa.

 

1ª ETAPA. CÓRDOBA, LEJANA Y CALUROSA.

 

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            Con 25ºC grados a la sombra, presagio del fuerte calor reinante durante toda la jornada, partimos hacia Córdoba. Las cámaras de Canal Sur Televisión se dejaban ver, haciendo tomas de una buena parte del trayecto. Los primeros compases fueron lentos; nos teníamos que tomar con calma los más de 1.500 kilómetros que separan  Espartinas de Vendargues. En La Algaba nos llevamos la primera gran sorpresa cuando vimos un maillot de nuestro Club acercarse a nosotros. Era Antonio Pachón, “Morrú” para sus amigos, quien tuvo la gentileza de acompañarnos toda la etapa. Poco a poco fuimos entrando en calor, hasta ir aumentando progresivamente las pedaladas.

 

            En Alcolea del Río tuvimos el primer inconveniente serio cuando Julián rompió su cadena. Reparada rápidamente continuamos río arriba. Lora y Palma del Río, grandes en perímetro quedan a nuestra derecha. Posadas nos advierte la cercanía de nuestro primer objetivo, cuando divisamos a lo lejos un cerro con una preciosa fortaleza. Almodóvar posee una joya medieval con su Castillo, construido por los árabes en el año 760. Se conserva en perfecto estado por las reconstrucciones a las que ha sido sometido, la más importante la del año 1.902 llevado a cabo por el Conde de Torralva.

 

            El calor va aumentando conforme pasan los kilómetros y la poesía de Federico nos invade.

 

                          Córdoba, lejana y sola.

                          Aunque sepa los caminos,

                         Yo nunca llegaré a Córdoba.

 

            Medina Azahara, en las inmediaciones de la sierra, nos trae nuevamente el aroma musulmán cuando nos encontramos con la ciudad de Los Califas. 40 ºC en los termómetros. El primer día ha pasado con la única dificultad del calor.

Después de descansar un poco y observar el descenso de la temperatura, dimos un paseo por la ciudad comprobando in situ la belleza de la mujer cordobesa. Julio Romero de Torres tenía motivos de inspiración. Nos fuimos de Córdoba sin visitar La Mezquita, centrándonos en los alrededores de su Ayuntamiento. No hay nada como un buen tapeo previo a la cena. La cocina cordobesa fue saboreada con exquisitez, y hasta los más exigentes dieron su aprobación.

 

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2ª ETAPA. EL DÍA MÁS DURO.

 

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            La salida de Córdoba es lenta, buscando la carretera nacional que nos lleve a Montoro. Nuevamente, los profesionales de Canal Sur hacen tomas durante los primeros kilómetros. Tuvimos la suerte de encontrarnos a Francisco Zurita, médico anestesista recuperado para la práctica de su deporte favorito después de sufrir un accidente gravísimo que lo tuvo varios días en coma. El Doctor Zurita nos condujo por la vía de servicio paralela a la Autovía del Sur, con continuos toboganes, que nos sirven de calentamiento para los cuatro puertos que se van aproximando. Rodamos con él hasta El Carpio, asesorándonos y aconsejándonos en el largo y duro trayecto que nos quedaba por recorrer. En Pedro Abad perdimos tiempo por no estar bien señalizado el desvío hacia Montoro. Con Sierra Morena en el horizonte, fue en Montoro donde hicimos una parada para reponer energías y tras breve careo, seleccionamos la carretera nacional 420, de más tránsito pero mayor seguridad por sus arcenes. Las altas temperaturas iban haciendo mella en nuestros protagonistas cuando se ascendía la primera dificultad del día. La Sierra de Cardeña dibuja una subida de unos 6 kilómetros al 5,5 % de desnivel muy constante, que no está señalizada como tal puerto a la que no se le ve el final, el Alto de Españares. Coronado el primer collado, de 740 metros de altura sobre el nivel del mar, descendemos brevemente hasta divisar Cardeña. El paso por estas carreteras resulta muy dificultoso, con un asfalto rugoso que impide avanzar. El Puerto de Valderrepisa, con 860 metros de altitud y unos 4 kilómetros de subida, también es sobrepasado con éxito, deteniéndonos en la cima nuevamente para avituallarnos, fundamentalmente líquido. Otro descenso hasta las faldas del Puerto de Niefla, sin respiro, que con sus 902 metros es el punto más alto de esta segunda etapa que comienza a resultar épica. El último escollo, suave, corto y tendido, Puerto Pulido de 850 metros es salvado sacando fuerzas de flaqueza. Únicamente restan 25 kilómetros hasta Puertollano, en la inmensidad de la Meseta. Estos últimos kilómetros se hacen llevaderos, con la televisión regional nuevamente. En dicha localidad, los termómetros registraban la misma temperatura que en Córdoba: 40 ºC. Sierra Morena y las altas temperaturas nos habían sometido a una durísima prueba en este segundo episodio de nuestro Ruta.

“El pueblo de las mentiras”, como se conoce a Puertollano, no hace honor a su sobrenombre. Situado en el Campo de Calatrava, en la Comunidad de Castilla–La Mancha, dista 39 kilómetros de la capital, Ciudad Real. Su economía gira en torno a la petroquímica, instalada allí desde los años 40. Antes de la cena, en el Informativo de Canal Sur Televisión, logramos presenciar nuestro sufrimiento en unas imágenes simpáticas emitidas por nuestra televisión autonómica. Hicimos acopio de moral y fuerzas, porque resultó la jornada más dura de toda la ruta. La tercera etapa de la Vuelta a España disputada en septiembre de este mismo año posee idéntico trazado.

 

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3ª ETAPA. EN TIERRAS DE DON QUIJOTE.

 

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            La teórica etapa de transición fue rodada a gran velocidad. Por terreno llano, tomamos nuevamente la nacional 420 que nos dejaba en Ciudad Real. Mal asfalto en los alrededores de la ciudad manchega. Cambiamos a la nacional 430 con destino a Daimiel, ya en territorio del ilustre hidalgo y caballero Don Quijote de la Mancha. Nos sumamos al cuarto centenario de la obra cumbre de Miguel de Cervantes de la mejor forma que sabemos hacerlo: rodando velozmente por estos históricos parajes de La Mancha, recreándonos con su expansión y austeridad. Éramos quince quijotes galopando a buen ritmo, con prisas para evitar el calor de las dos primeras jornadas. Pasamos entre Daimiel y su Parque de Las Tablas en un santiamén por la nacional 420 de nuevo hasta llegar a Herencia. Nos impresionó la primera imagen de Don Quijote y su fiel escudero. El viento soplaba a favor en las cercanías de Alcázar de San Juan, y a estas alturas se volaba hasta tal punto que nos pasamos el Hotel Ercilla Barataria situado a la entrada de la bonita ciudad, título que le fue concedido por el rey Alfonso XII en 1877. Es muy popular la fiesta de Moros y Cristianos la noche de San Juan, transformando a Alcázar de San Juan en un escenario vivo de su historia, reuniendo con renovado entusiasmo a sus habitantes y a un número cada vez mayor de visitantes.

 

            Al atardecer, un fuerte chaparrón nos sorprendió haciendo algunas compras. Cesó al poco rato, luciendo nuevamente el astro rey ya con menor intensidad. Las condiciones meteorológicas estaban cambiando a medida que nos adentrábamos en la Meseta Central. Los pronósticos para días posteriores eran inciertos, con posibilidad de chubascos. Cenamos en el centro con un convidado especial: Don Quijote de la Mancha. Se nos olvidó invitar a su escudero, que enojado por el desaire nos pasó factura justo al día siguiente.

 

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4ª ETAPA. CUANDO SANCHO PANZA SOPLA…

 

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            Una de las tradiciones de La Mancha es el fuerte viento que en ocasiones se manifiesta con firmeza. Fernando Escartín o Tony Rominguer pueden dar fe de ello cuando dejaron enterradas sus ilusiones en la Vuelta a España años atrás en sendos abanicos provocados por sus enemigos.

 

            La nacional 420 es de nuevo nuestra referencia, dirección a la Ruta de Los Molinos. Nada más tomarla, un vendaval nos golpea bruscamente. Sancho Panza estaba haciendo de las suyas, mostrando su enfado por nuestro despiste en Alcázar de San Juan.

En Campo de Criptana y Mota del Cuervo existen ejemplares de molinos bien conservados. No pudimos evitar fotografiarnos con ellos evidenciando nuestra presencia en las tierras del afamado caballero Don Quijote. Otro inconveniente se nos presenta más adelante. Manuel Pinto parte su tija, con el consiguiente enfado. Este, malhumorado por el percance sufrido, al meterse en el furgón sufrió una caída que necesitó de asistencia sanitaria. Pero los ciclistas y los toreros somos de otra galaxia, sobreponiéndose a esta gran adversidad con agallas y pundonor. Morrú desde Sevilla localizó en Cuenca una tienda de material ciclodeportivo: Bicicletas Chafe. La amabilidad de su dueño, Luís, fue tal que incluso nos acercó varias modalidades del repuesto al hotel. Detalles así siempre serán agradecidos. Gracias, Luís.

 

            El viento continua castigándonos. Se prefiere subir un puerto de primera categoría, porque sabes que se termina; en cambio este viento no parece que vaya a cesar en ningún momento. Cuando Eolo da rienda suelta a sus poderes, no sabes como colocarte. Nuestros hombres más fuertes sirvieron de parapeto durante gran parte de la etapa. Al llegar a La Almarcha, por fortuna cambió el decorado, adentrándonos en un vistoso valle con el Río Júcar paralelo a nosotros y viento de costado.

 

            En Villar de Olalla, a tan solo 8 kilómetros de Cuenca, final de etapa, todos llevábamos una gran paliza. A pesar de eso visitamos la Ciudad Encantada. Su Catedral, Monumento Nacional de estilo Gótico Anglonormando es ejemplar único en España. También impresionaron las Casas Colgadas, construidas en el siglo XIV, residencia veraniega de reyes.

 

            Después de cuatro etapas, las piernas de algunos de nuestros ciclistas protestaron, incidente menor. Con pomadas y medicación antiinflamatoria remitieron, ya que el reposo estaba contraindicado.

 

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5ª ETAPA. AIRES DE FIESTA EN TERUEL.

 

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            Dijimos adiós a Villar de Olalla con frescor matinal dirigiéndonos a Cuenca. Un par de tachuelas nos hacen digerir el desayuno rápidamente. A la entrada de la capital, tomamos a la derecha un cruce dirección Teruel, siempre en la nacional 420, volviendo el viento a dificultar la escasa tranquilidad del grupo. Pasado Fuentes comenzamos la ascensión del Puerto de Rocho, de 1.150 metros, subida de unos 4 kilómetros no muy dura. Adentrados en la Serranía de Cuenca, superamos El Rocho sin muchos apuros. Por estas latitudes las poblaciones son muy pequeñas, despertando mucha expectación nuestras travesías. Parada obligada era Cañete, donde Manuel Pinto saludó a sus compañeros de La Benemérita. Se reponen fuerzas y continuamos buscando el Puerto de Hontanar, incluido también este año en el trazado de la Vuelta a España. Por suerte subimos por la vertiente sur, su cara más fácil. Un pronunciado descenso para disfrutar, donde superamos velocidades de 80 km/h. nos sirvió de recuperación. Pisamos suelo valenciano, con el Río Turia de testigo. Había llovido con fuerza la jornada anterior, habiendo tramos de la calzada inundados de agua y fango. En Torrebaja la calzada sufre un giro brusco a la izquierda, muy cerca ya de Aragón, término que encontramos no sin festejo por parte de algunos componentes del grupito. Sonaron Jotas en honor a la Virgen del Pilar. La carretera continúa por unos paisajes agrestes muy deshabitados y a medida que nos acercamos a Teruel comienzan nuevas problemáticas. Los aires que traíamos se convierten en fiestas. Domingo de Fiesta en Teruel, con todos los bares y restaurantes cerrados. No encontramos un sitio donde poder comer, siendo en el mismo Parador Nacional a la llegada donde únicamente podemos hacerlo. El Parador, destaca en un lomo desde donde podemos contemplar con tranquilidad la preciosa y acogedora ciudad aragonesa de algo más de 30.000 habitantes.

 

            La historia de Los Amantes de Teruel es archiconocida y ha sido objeto de muchas representaciones. Los escritos cuentan que en el siglo XIII Diego de Marcilla, enamorado de Isabel de Segura desde niño acudió a pedir su mano siéndole denegada por su escasa fortuna. El padre de Isabel le concedió un plazo de cinco años. A los cinco años regresó con una gran fortuna y supo que Isabel se casaba con Don Pedro de Azagra. Al reencontrarse con ella le pidió un beso, negándoselo ésta; fue entonces cuando cayó desplomado sin vida. Al día siguiente Isabel acudió al funeral arrepentida y desolada, se acercó al cadáver de Diego para darle el beso que le negó en vida. Al unirse los labios, Isabel cayó muerta al lado de su enamorado. Según la historia, murieron de amor y fueron enterrados juntos permaneciendo así de por vida.

 

            Será por eso que Teruel es una ciudad que te enamora. Estuvimos con las Peñas compartiendo momentos de júbilo. En la capital aragonesa cumplimos la mitad del recorrido.

 

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6ª ETAPA. LA RUTA DEL TAMBOR Y EL BOMBO.

 

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            Amanece con niebla y frío intenso en Teruel. 9ºC. Los chubasqueros fueron extraídos de los equipajes para protegernos del frío y la posible lluvia con la que amenazaba el cielo, porque estamos ante otra de las etapas más difíciles, con tres puertos de montaña de entidad encadenados y las sierras de Albarracín y San Just aguardando. Algunas gotas nos cayeron a la salida. Desde Montoro, con la excepción de un tramo en Daimiel, no hemos abandonado la nacional 420. Siguiendo el curso del Río Alfambra vamos dejando el pueblo del mismo nombre y Perales de Alfambra, ya en las inmediaciones del Puerto del Esquinazo, de 1.381 metros. Nos lo tomamos con precisión y la subida se hace llevadera. El descenso nos deja en Mezquita de Jarque, cerca del Col de San Just, que con sus 1.408 metros constituye el techo hasta la fecha. De nuevo estamos de suerte, ascendiendo San Just por su cara más accesible y a gran ritmo. Descenso velocísimo, igual que el anterior, que nos lleva a Utrillas y Montalbán. Es allí donde hacemos una parada para reagruparnos, ya que la bajada ha roto la integridad del grupeto. La nacional 211 ha tomado el relevo. Reagrupados y avituallados sin perder el ritmo, coronamos el Alto de Las Traviesas, de 1.180 metros. Desde allí, descenderemos rápidamente buscando Alcañiz.

 

            La tan temida etapa de alta montaña resultó la de mayor media, no sabemos si por haber alcanzado todos el pico de forma o por los tramos de descenso que nos dejó desde los casi 1.500 metros del Puerto de San Just a los 340 de Alcañiz. No obstante la localidad turolense nos tenía reservada una gran encerrona. Para acceder al Hotel Guadalope, tuvimos que ascender un muro con pendientes hasta del 12-13 % que casi nos apuntilla. Habíamos llegado a uno de los pueblos más significativos incluidos en la Ruta del Tambor y el Bombo. Si existe algo puramente aragonés cuando se habla de Semana Santa, sin duda, es la tradición de las rompidas y tamboradas, acto que exalta el sentimiento religioso a ritmo de tambores y bombos, prodigados en diversos pueblos del Bajo Aragón.

 

            Alcañiz, municipio de la Comarca del Bajo Aragón, con sus 13.000 habitantes, es la ciudad más importante del norte de la provincia de Teruel. El subsuelo está lleno de pasadizos que comunican muchos edificios. Hoy se pueden visitar muchos de estos pasadizos medievales. La televisión local y el Diario La Comarca nos realizaron un amplio reportaje de nuestra estancia en Alcañiz, donde hicimos un pequeño festejo de paso del ecuador. Ya llevábamos seis días de carrera.

 

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7ª ETAPA. EL VALLE DEL SEGRE.

 

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            Era en principio otra de las etapas de transición. Pero los continuos toboganes y nuevamente el calor se encargaron de endurecer nuestro séptimo capítulo. Abandonamos la ciudad del Río Guadalope en dirección al norte por la nacional 211 buscando otro río políticamente conflictivo. Impresionante la estampa del Río Ebro en Caspe. Su cauce ha sido aprovechado en el Embalse de Mequinenza. Atravesamos el Ebro entre postales para detenernos en Mequinenza, donde uno de los brazos del Ebro origina el Río Segre, en este último pueblo aragonés. Anteriormente un buen descenso nos dejó en el puente, desde donde se observa en todo lo alto su castillo, reconstruido en el siglo XIV sobre un antiguo castillete musulmán. Pasado Mequinenza, la calzada comienza a elevarse discretamente hasta terminar con dos kilómetros al 8% inesperados. Fue duro este comienzo en el Valle del Segre, espectacular por otro lado paisajísticamente hablando. Esta inesperada cota y los rayos solares hacían el pedaleo más cansino. El aumento del tráfico en las cercanías de Fraga y la travesía de Lérida incidieron también negativamente. Cuando estuvimos fuera de la capital catalana respiramos profundamente. Balaguer distaba muy pocos kilómetros y el Valle del Segre era lo que nos mantenía vivos, con sus itinerarios tan atractivos.

 

            En la comarca de La Noguera, y con 13.000 habitantes, Balaguer se encuentra a casi treinta kilómetros de Lérida. El comercio y la industria es la base de esta ciudad clásica leridana bañada por El Segre, a la que arribamos con el calor de protagonista nuevamente.

 

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8ª ETAPA. EL MACIZO PIRENAICO.

 

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            Despedimos a Balaguer, antesala de los Pirineos con unas fuertes rampas. Había ganas de presenciar la mítica cordillera hispano francesa, sirviéndonos estas primeras pendientes de aperitivo. Desconocíamos el terreno. Solo sabíamos que de la cota 233 de Balaguer, ascendíamos hasta la cota 1.240 en Puigcerdá. Ese dato ya era de respeto.

 

            En Artesa de Segre divisamos por primera vez las primeras estribaciones de Los Pirineos. Sonrisas en los rostros al contactar con el sistema montañoso más deseado. Son muchas las hazañas descritas en sus laderas. La Vuelta a España y el Tour de Francia no pueden dejar en el olvido su interesante presencia. ¿Qué sería de un Tour de Francia sin Tourmalet, Aubisque, Aspin, Peyresourde…?. Grandes valles, túneles, ríos, lagos, nieve, rocas, son ingredientes que decoran panorámicamente uno de los escenarios ciclistas más arraigados en el populacho. Con precaución nos tomamos estos primeros compases. Salvo las potentes rampas del principio en Balaguer, se va subiendo en ligera progresión casi sin darnos cuenta. Superado Ponts, nos adentramos en los pantanos de Rialb y Oliana, encadenados en pleno paraíso pirenaico hasta llegar a una de las localidades más emblemáticas de la comarca: Seo de Urgel. La Catedral de Santa María d’Urgell, joya románica del siglo XII, es visita obligada.

 

            Nos adentramos en el valle que nos conduce a nuestro destino. A nuestra izquierda, los picos fronterizos y a nuestra derecha la Sierra del Cadí nos escoltan en ascenso suave. El tipo de vivienda va cambiando su estructura. Los techos muy inclinados y oscuros con vigas de madera comienzan a predominar. El paisaje nos distrae en nuestro lento peregrinar a la frontera. ¡Que larga se está haciendo la etapa!. El Segre nos aplaude constantemente, compañero de viaje desde su nacimiento en Mequinenza y nos deja en las cercanías de Puigcerdá. Ger y Bolvir son las últimas poblaciones antes de presenciar el marco inigualable del último pueblo español. Puigcerdá destaca en su ladera con brisa francesa acariciando sus techos.  ¡Ya hemos cruzado España! Nos merecíamos un gran homenaje, y Puigcerdá nos lo brindó. Llegábamos, al igual que en Teruel, en fiesta, y bien que lo aprovechamos…

 

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9ª ETAPA. 14 DE JULIO: FIESTA NACIONAL FRANCESA

 

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            Sin recuperarnos aún de los esfuerzos previos, partimos de Puigcerdá. No hemos cumplido un kilómetro cuando nos detenemos en la frontera para posar en el cartel que indicaba Francia. Bourg–Madame nos da la alternativa en territorio francés, pueblecito contiguo a Puigcerdá. En Saillagouse comenzamos el ascenso al Col de La Perche, de 1579 metros. Subida sin grandes porcentajes y no muy larga. Parecíamos que habíamos tocado techo, cosa incierta. Coronado La Perche, continuamos por un falso llano que nos llevó a Mont–Luis, a 1600 metros en el cielo pirenaico. Fue el punto más alto de nuestro viaje. En Mont–Luis comenzaba el descenso de La Perche, un verdadero puerto de Tour de Francia. 22 kilómetros de vertiginoso descenso. Nuevamente ascendimos otro puerto por su cara más accesible. Nos detuvimos en Olette para agruparnos, ya que el descenso de La Perche tuvo cierto peligro por su longitud e inclinación. Pero la bajada continuaba casi hasta Prades. En Millas, cambiamos de rumbo, con aumento de temperatura incluido. No podíamos dejar la famosa cordillera sin antes rendirle tributo. Fue en Millas donde lo hicimos, a nuestra manera, con el Col de la Bataille, que con sus escasos 200 metros se nos hizo casi más duro que La Perche por el calor reinante. La bajada nos deja en Estagel, donde nos detuvimos para, aprovechando el avituallamiento, mirar con nostalgia los míticos Pirineos. Los habíamos vencido fácilmente a través de La Perche y Mont-Luis. Tenemos una deuda pendiente con ellos, y la liquidaremos algún día saboreando sus históricos puertos de montaña.

 

            Nos quedaba una pequeña Cota por sobrepasar, el Col d’Extreme, de 251 metros camino ya de Narbonne. Superado el Extreme, buscamos la nacional 9 que nos conduce a la capital gala. La llegada a Narbonne, con muchos kilómetros ya en las piernas, se celebró. Creíamos que estábamos cerca de nuestro hotel, en Sallèles d’Aude, pero Le Domaine du Somail se encontraba retirado unos kilómetros del pueblo. En Sallèles, en la primera casa que encontramos, preguntamos. La fortuna nos sonríe de nuevo. Francisco de la Cruz, emigrante murciano nos condujo allí, advirtiéndonos la fecha: 14 de Julio, Fiesta Nacional en Francia. Podríamos tener problemas para cenar. Gracias a su colaboración, cenamos en un restaurante previo a la gran verbena. Francia y nosotros, nos merecíamos otro detalle. Con nuestro amigo Paco de guía, bailamos en la Plaza de Sallèles celebrando la fecha más importante de Francia. No todos los días se llega a Francia el día de la Fiesta Nacional. Ya estaban olvidados los 184 kilómetros que recorrimos hasta esta pequeña población, última parada antes del gran día. A pesar del excesivo kilometraje, todos llegamos muy enteros a Sallèles, en la jornada más larga de toda la Ruta. 

 

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10ª ETAPA. SE CONSUMÓ LA GESTA.

 

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            No reposamos bien esa noche. Los nervios ante la llegada del día más importante y el viaje de nuestros familiares, ya en camino, nos impidieron estar más descansados. Rafa, el Niño, en el desayuno, con semblante triste y voz entrecortada, es el único capaz de decir una frase que circulaba por la mente de todos nosotros y que ninguno había sido capaz de pronunciar: ¡Esto se acaba!.

 

            Teníamos que estar en Marseillan a las once, donde nos esperaba el Cyclo Club de Vendargues. A partir de ahí, podíamos guardar por fin el mapa que decoraba el salpicadero de la furgoneta. Esta última etapa era la más corta de nuestro viaje, ya que tratábamos de llegar a Vendargues con prontitud. El recorrido era en principio de 100 kilómetros. Pero nuevamente encontramos dificultades. El Tour de Francia tiene final de etapa en Montpellier, a 10 kilómetros de Vendargues. Hasta que no llegas a Francia, en las cercanías de una etapa del Tour, no aprecias la importancia que este Carrera tiene. Todas las carreteras cercanas al paso de la “Grande Boucle” permanecían en vigilancia desde muy temprano. Por eso el itinerario, configurado por los franceses en carta que nos habían dejado en el hotel de Sallèles d’Aude, cambió por completo al previsto. La consecuencia fue el aumento de 30 kilómetros en la hoja de ruta.

 

            Eolo se tenía reservada una última carta. Desde la salida en Sallèles d’Aude, un fuerte viento nos castiga. Creíamos que sería pasajero. ¡Que inocentes.! Fuimos pasando pueblo a pueblo dirección Beziers en la nacional 9. En Beziers, nos desviamos del trazado, en una confusión que nos llevó a salir por el sureste de la ciudad cuando deberíamos de haberlo hecho por el noreste. Pasando Vias y Adge, tomamos la carretera D 51 que  nos dejaba en Marseillan, lugar escogido para encontrarnos con el Cyclo Club de Vendargues. El viento alargó algo la cita. Un vehículo del Ayuntamiento vendargués aguardaba a nuestra entrada en Marseillan, conduciéndonos al puerto. Una vez allí, los primeros momentos emotivos se vivieron, con saludos a nuestros amigos que habían protagonizado la misma experiencia dos años atrás. Francis, presidente del Cyclo Club ejercía de anfitrión. Nos habían preparado unos aperitivos ligeros que nos supieron a gloria. Pasado el encuentro, nos pusimos en marcha en el último esfuerzo.

 

            El viento seguía soplando en contra y hasta nos cayeron algunas gotas. A pesar de eso, no pudimos evitar los piques con los franceses en alguna que otra tachuela, rodándose a buen ritmo gran parte del trayecto. Montpellier era esquivada por el este, y el gran momento se acercaba. Nos sentíamos muy cerca, ya casi acariciando el final cuando Miguel detiene el hechizo con un pinchazo. Reparada la avería, todo fue ya de cuento de hadas. La entrada en Vendargues estuvo acompañada de aplausos por los nativos, con un concierto de sirenas por parte de los vehículos que componían el cortejo. Escoltados por los franceses llegamos a la Plaza de Espartinas. Una explosión de alegría y grandes ovaciones nos dedicaron todos los presentes, en unos momentos superemotivos. La familia nos recibió con cariño. Juan Pedro Corrales, representante de nuestro Municipio que encabezó la expedición espartinera también estaba emocionado. Los representantes del Ayuntamiento vendargués y los miembros del Cyclo Club que no habían podido acompañarnos, nos rindieron honores. Madame Michelle García, Alcaldesa adjunta nos dio la bienvenida felicitándonos por nuestra hazaña en un acto entrañable. Posamos para las cámaras delante del recuerdo que Vendargues le tiene dedicado a Dª María Regla Jiménez, Alcaldesa eterna de Espartinas. La veíamos sonreír, celebrando Ella también el gran acontecimiento, en una imagen que había cobrado vida gracias a quince de sus paisanos.  Eran ya muchas emociones en tan poco margen de tiempo. La película ciclista había llegado a su fin. Ahora nos tocaba disfrutar de las Fiestas de Vendargues y de todo el programa que nos tenían reservado.

 

            Atrás habían quedado 1.510 kilómetros. Cada miembro del grupo había interpretado su rol, como si de una gran orquesta se tratase. Con la constancia de Juan, la tranquilidad de Villa, la prudencia de Pinto, la disciplina de Manolo, el ímpetu de Fernando, la solvencia de Javier, la habilidad de Miguel, el tesón de Félix, la generosidad de Francisquito, el pundonor de Juli, la fuerza de José, la facilidad de Francisco, la gracia de Larry, la guasa del Viejo, el duende del Niño y el arte del Padre,  hubiésemos atravesado no solo España, sino el Universo. Pero no existe felicidad completa. Hubo compañeros que por motivos laborales estuvieron con nosotros en la distancia. Nos transmitían diariamente fuerzas para seguir. Ellos disfrutaban a su manera con nuestras descripciones del recorrido, los porcentajes de los puertos o las anécdotas acaecidas. Probablemente sea la última vez que hayan permanecido en sus hogares.

 

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EL HERMANAMIENTO

 

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            Al atardecer nos proyectaron un video de Vendargues, finalizado con imágenes del Cyclo Club Vendargues en su travesía opuesta a la nuestra. El Alcalde, Monsieur Pierre Dudieuzere se dirigió a nosotros, teniendo palabras de elogio para nuestros ciclistas y alentando al grupo a colaborar para que continúen las tareas conjuntas en materia de “jumelage”. D. Juan Pedro Corrales, Concejal de Deportes tomó la palabra agradeciendo el recibimiento, haciendo entrega finalmente de unas placas recordatorias a los componentes del Cyclo Club que llegaron a Espartinas dos años atrás.

 

            Por último, Juan Leal entregó a Francis Segarra, Presidente del Club francés, un recuerdo símbolo del nuevo hermanamiento producido entre los ciclistas de uno y otro bando. Se intercambiaron equipaciones y Francis nos entregó a cada uno de nosotros un Diploma conmemorativo de gran valor personal además de camisetas y botes de agua. Juan Leal habló en esos momentos agradeciendo nuevamente a las alcaldías de Vendargues y Espartinas su esfuerzo por haber hecho realidad este sueño que tocaba a su fin, incitando al Cyclo Club francés a futuros proyectos conjuntos. En el aperitivo posterior que cerró el acto, brindamos con nuestros nuevos y acogedores amigos.

 

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VENDARGUES EN FIESTA

 

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            Nuestro viaje fue pródigo en ferias. Teruel, Puigcerda,  Sallèles d’Aude y por último Vendargues, fueron visitadas en fiesta local. Pero fue esta última la que disfrutamos con situaciones y momentos que perdurarán mucho tiempo en nuestra memoria. Con nuestra asistencia, el Alcalde inauguró la Feria local. Acudimos a una misa cantada por una Coral, que sorprendentemente nos emocionó a todos con la Salve Rociera cantada en español en esta improvisada marisma gala.

 

            El director espiritual, en un ritual con la presencia de cuadrúpedos tordos montados por jinetes de vestimentas regionales, pronunció su bendición. Posteriormente el Alcalde, con un discurso recio, abrió esta singular Feria. Cánticos y más cánticos, con vino sureño y aperitivos clásicos. Nos mezclamos con nuestros anfitriones en sus bailes hasta concluir esta jornada festiva, que nos causó verdadera sensación comprobando lo diferentes que pueden llegar a ser dos culturas latinas no tan distantes.

 

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            Visitamos Montpellier esa misma tarde, con Marie de Cicerone. Atractiva y grande esta ciudad del sureste de Francia que tan lejos y tan cerca está de nuestra Espartinas natal. Cenamos en un lujoso restaurante en un amplio bosque. La tradicional cocina francesa quedó de manifiesto con sus exquisitos platos.

 

            El último día nos llevaron a La Grand–Motte, playa artificial construida hace unos años con unas embarcaciones de recreo en su puerto deportivo de ensueño. Respiramos brisa marina en el paseo por sus bulevares, deteniéndonos en sus tiendas. La costura y el diseño en la moda eran el punto de referencia.

 

            La despedida tuvo lugar en un parque después del almuerzo. Nunca olvidaremos el trato dedicado por este grupo humano francés, que estuvo a nuestra disposición todas las horas del día, al quite siempre en cualquier mínimo contratiempo que pudiera surgir, especialmente a Madame Michelle, voz cantante en materia de hermanamiento de nuestro municipio hermano.

 

            Palabras de alabanza a nuestro Alcalde D. Domingo Salado, que diariamente telefoneaba al atardecer a nuestros ciclistas. Su amor al deporte y entusiasmo quedó patente con esta ejemplar conducta.

 

            D. Juan Pedro Corrales, Concejal de Deportes, también merece capítulo a parte. Nos tenía ordenado que le informáramos puntualmente de todas las incidencias que pudieran suceder, sobre todo de las llegadas al final de cada etapa, hasta reencontrarnos en Vendargues. Conectaba varias veces al día con el grupo, preocupándose individualmente por cada uno de nosotros. El éxito de esta Ruta Transibérica es debido en gran parte a Juan Pedro, principal valedor y artífice. El ideó el evento, lo planificó con los franceses y nos dotó de medios, defendiendo con rectitud su proyecto ante las trabas presupuestarias. “Chapeau” a nuestro Concejal de Deportes.

 

            Si mérito tienen los quince ciclistas que han protagonizado este evento, igual o más mérito tiene Rafael Martínez padre. Comenzó de conductor del furgón, y terminó siendo el manager del equipo. No se conformaba con sus tareas al volante. Contactaba con los hoteles, planificaba las excursiones a las ciudades y defendía siempre los intereses del grupo. Con su guitarra en el equipaje, llevó el folklore sevillano hasta lugares inhóspitos. Todo un ejemplo de sacrificio el de Rafael, combinando trabajo y juerga. Un buen porcentaje de nuestro éxito le corresponde.   No olvidemos tampoco que el primer patrocinador de nuestro Club ha sido “por su culpa”.

 

            M.R.G. aportó el repuesto, barritas energéticas y sales minerales, indispensables en todo momento. Francisco Ruiz, su gerente, estaba ante la aventura ciclista de su vida. Trabajó y disfrutó como el que más. Son muchos años ya de amistad con la empresa umbreteña, patrocinadora del Gran Premio de la Montaña de la Marcha Cicloturista Villa de Espartinas.

 

            No pueden quedar en el olvido los profesionales de Canal Sur Televisión, y la Televisión regional de Castilla La Mancha. Con su presencia, nos crecíamos en las adversidades, procurando que estas pasaran desapercibidas. Desde aquí nuestro agradecimiento por prestar atención a un deporte que no goza de las preferencias del público.

 

            Por último, destacar la profesionalidad de Emilio y Eladio, conductores del autobús que nos acompañó. Nos hicieron el viaje muy ameno, estando muy integrados en el grupo, y descansando en otras ocasiones para cumplir con sus deberes en la carretera. Con ellos viajaríamos hasta la eternidad.

 

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            En el recuerdo permanecerán imborrables muchos momentos producidos durante 1.500 kilómetros, que no son pocos, y la gran unión existente entre todos los miembros del Club, reforzada con esta inigualable Ruta Transibérica Espartinas–Vendargues. Después de una convivencia de casi dos semanas en la que atravesamos España llegando a Vendargues, podemos presumir de muchas cosas. La más importante de todas es la gran familia en la que hemos convertido este singular Club, modesto donde los haya, pero con una fe ciega en sus cualidades y capacidades que hacen de eventos inviables o impensables, objetivos reales superados siempre con la gran ayuda de nuestra Alcaldía y el beneplácito de la Concejalía de Deportes. 

 

            Con el paso del tiempo se sabrá valorar en su justa medida esta gesta protagonizada por la Sección Ciclista del Club Deportivo Espartinas TILDE, que ha pasado a la historia como una experiencia ¿irrepetible?.

 

EMPRESAS COLABORADORAS

 

Excmo. Ayuntamiento de Espartinas, Grupo EDIMAR, M.R.G., Viajes Triana, Merkamueble, El Corte Inglés, Internacional Austral Sport, Aljarafesa y Coca Cola.