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Ruta Sierra de Guadarrama ago_2009

 RUTAS POR LA SIERRA DE GUADARRAMA

 

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ASIGNATURA PENDIENTE

 

            Del baúl de los recuerdos, desempolvé unos apuntes que había escrito algo así como veinte años atrás titulados “La Sierra Norte de Madrid”. Deteriorados por el paso del tiempo y con caligrafía juvenil (¡Dios como degenera la letra!), escribí estas rutas inspirado en una película de Garci, Asignatura pendiente. Me llamó mucho la atención el pueblo donde se rodaron algunas de sus escenas, Miraflores de la Sierra, sobre todo su plaza, la fuente de piedra, los caseríos y la arboleda del entorno; quizás por eso conservo esa cuartilla amarillenta, porque tal vez llegara el día que la pudiera sacar a la luz. En más de una ocasión, haciendo limpieza, ha estado a punto de terminar en la papelera de mi despacho, ¿la tiro, no la tiro?, y la volvía a guardar con la frustración del implacable paso de los años.

 

            El ejercicio estival 2.009, no me cuadraba para pedalear con esta magnífica peña por problemas laborales, pero al permutarse julio por agosto, y dejándonos llevar por las ganas de Alejandro, dada su condición de madrileño, y la presión del Maestro Vega, fueron más que suficientes para autoconvencerme y  pasar un fin de semana intenso en la Sierra de Madrid. Fue entonces cuando recordé esas notas, ya eran un pergamino. Han tenido que pasar más de dos décadas para recuperar el manuscrito, y cartearlo vía e-mail con los compañeros. Las críticas eran de esperar por la dureza de los recorridos, es como si estuvieras en los Pirineos y no subieras Tourmalet, Aubisque, Peyresourde, Aspin… Un cicloturista que se precie, debe tener en su currículum los grandes colosos de la sierra madrileña, por eso no podía dejar pasar por alto esta gran ocasión. Llevaba más de veinte años esperando este tren. El destino era la Sierra de Guadarrama, una de mis asignaturas pendientes, con exámenes tan selectivos como Navacerrada, La Morcuera, Cotos, Canencia, Bustarviejo…

 

“Quien supo esperar, llega a triunfar”

 

LAS DUDAS

 

            Nunca un viaje de verano había despertado tantas dudas entre los socios del Club. Fijos eran en principio Alejandro, Manolo Vega, Miguel, Fernando y Nieves. Al grupo se incorporaría Julio en los Madriles y algún triatleta colega de nuestra fémina. Juan Leal (cronista) y Juanma se animaron a las primeras de cambio, Francisco Polvillo se cayó del cartel para volver a figurar de nuevo tras hablar con su apoderada, Manuel El Mecánico saca el billete siempre casi con la ventanilla cerrada, Pepe Camino desistió al comprobar el listado de familiares, El Viejo maltrecho por la caída de Fuentes no estaba para muchos trotes y Jesús Cascón sorprendió a última hora.

 

            Que si Octavio sí, Octavio no. Si viene mi hermano lo mismo vienen también mis padres, y mi amiga Cristina, y un colega de Huelva, y otro de Madrid que tiró a Juan en Las Pajanosas… Nieves no paraba de hablar contagiada por la ilusión de hacer una ruta con el Club. Su amor al deporte estaba por encima de todo lo demás, y en su preparación para el Desafío Doñana incorporó con buen criterio un fin de semana de castigo. Cuando en una de las reuniones previas al desplazamiento, se comenta el tema de la festividad en Miraflores, se puso muy seria:

 

-          Oye, que yo voy allí a machacarme, y no a divertirme.

Respuesta pícara de Miguel:

-          Nieves, si lo del viaje es una excusa para escaparnos…

 

            La triatleta no las tenía todas consigo. ¿Y si me voy con esta gente, y después están todo el tiempo de juerga?, pensaría. La campeona recelaba mientras varios de sus compañeros estaban indecisos. ¿Me voy, no me voy?. En agosto en Madrid, hace tela de calor, y con tantos puertos… Mañana te lo confirmo con seguridad.

 

            Y pasaba mañana y pasado, y una semana, y la masa seguía dubitativa. Ha sido la primera vez que el personal no lo tenía tan claro. Esa incertidumbre no se reflejó posteriormente en la rica experiencia madrileña.

 

EL VIAJE

 

            Tuvimos que recurrir a ATESA para transportar las máquinas hasta el punto de partida. El furgón lo recogió Manolo Vega, y acompañado de Fernando,  Alejandro, Jesús, y Cristina, llegaron al Cuartel General instalado en Guadalix de la Sierra al caer la noche. Anteriormente, habían viajado por la mañana para ir preparando el terreno Juan Leal, Miguel, Francisco Polvillo, Manuel El Mecánico, Nieves y Dani. El viernes se incorporaron al grupo Juanma Sosa, Julio y Miguel Ángel. Una expedición ciclo-triatleta con demasiada testosterona para tan pocos estrógenos, que daría bastante juego. Nieves tiró de sus colegas Dani, Cristina y Miguel Ángel para completar esta alineación de auténtico lujo:

En la puerta, defendiendo los intereses del grupo Juan Leal. Defensas laterales Miguel Cruz y Manuel El Mecánico. Dos centrales rocosos, Francisco Polvillo y Julio Carmona. Medios volantes Jesús Cascón, Miguel Ángel Molina y Juanma Sosa. Centrocampistas femeninos Nieves Infante y Cristina Quintero. Reparten juego Manolo Vega y Fernando Baelo. Y en la punta de ataque, dos estiletes, Alejandro González y Dani Arazola.

 

LA CASA DELGRAN HERMANO

 

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            Nada más saberse el alojamiento, la Casa Rural Los Alisos fue bautizada como la Casa del Gran Hermano, en recuerdo al programa televisivo de Telecinco. Las miras estaban puestas en Miraflores de la Sierra para instalar el campamento, pero Nieves se encargó de desviarnos a la localidad donde está la residencia del Gran Hermano, a tan solo ocho kilómetros de Miraflores, y no nos arrepentimos. Los Alisos se adaptaba perfectamente a nuestra demanda, una vivienda hecha de granito y madera idónea para descansar de las palizas matinales, con cinco habitaciones, amplio salón con chimenea, tres cuartos de baños completos, uno con cabina de hidromasaje, cocina equipada completamente, garaje para cuatro coches, terraza, sala de juegos y patio con mesa y barbacoa. Muy cerquita del centro histórico, recomendamos nuestro alojamiento a otros turistas que deseen descansar, hacer senderismo, pedalear, salir de la rutina diaria en una palabra. Seguro que no se arrepentirán.

 

EL PUEBLO

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            Guadalix de la Sierra es uno de esos pueblos típicos de la Sierra Norte de la Comunidad de Madrid, ubicado en la Cuenca Alta del Manzanares y distante medio centenar de kilómetros de la capital de España. El Río Guadalix atraviesa el municipio antes de alcanzar el embalse de Pedrezuela. El nombre Guadalix tiene su origen en el vocablo árabe “río de los alisos”, y el municipio se formó con la repoblación de segovianos en tiempos de Alfonso X. Cabe destacar como principal monumento la Iglesia Parroquial de San Juan Batista, iglesia gótica del siglo XV cuyo campanario se encuentra coronado por nidos de cigüenas. Sus habitantes practican la agricultura con cultivos de cereales, legumbres, viñedos y hortalizas, y la ganadería con ganado lanar y vacuno.

 

            En Guadalix de la Sierra tuvo lugar el rodaje de la película de Luís García-Berlanga Bienvenido Mister Marshall, y en el balcón del Ayuntamiento, en la Plaza del pueblo que aun se puede visitar, Pepe Isbert pronunció las famosas palabras: “Como Alcalde vuestro que soy, os debo una explicación…”. De eso hace ya más de medio siglo. En la actualidad, su nombre se relaciona con el reality show El Gran Hermano. En uno de sus cerros, se encuentra la casa donde anualmente se reúnen para hacer el vago durante meses sus, digámoslo así, concursantes. Uno más de los programas basura que se le ofrece a los teleespectadores, y que goza de aceptable audiencia, como dijo el torero Rafael El Gallo cuando le presentaron a Ortega y Gasset, “hay gente pa tó”.

 

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            Guadlix, Miraflores, Rascafría, Lozaya y la mayoría de las poblaciones colindantes celebraban la festividad de La Asunción, curioso hermanamiento festivo. Guadaliseños y mirafloreños se sienten vinculadas por el séptimo arte, dos películas que marcaron una época de la cinematografía española. Bienvenido Mister Marshall está considerada como obra maestra del cine español; se rodó durante 1953 en pleno apogeo de la dictadura franquista, preparándose sus vecinos para recibir la presunta visita de los americanos para ayudar al subdesarrollado crecimiento y progreso de entonces.

 

            Asignatura pendiente es de 1.977, primer gran éxito de José Luís Garci donde se produjo el hístórico, por ser el primero, desnudo de la filmografía hispana. José Sacristán y Fiorella Faltoyano protagonizan en el largometraje una clandestina historia de amor marcada por el momento socio–político que les tocó vivir, los últimos años del régimen franquista y los comienzos de la transición. 

Miraflores y Guadalix, Asignatura pendiente y Bienvenido Mister Marshall, dos pueblecitos y dos filmes. ¡Vamos a tener que estar a partir de ahora más pendientes de “Cine de barrio”!.

 

LOS AVENTUREROS

 

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Manuel "El Mecánico"

 

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Fernando

 

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Francisco Polvillo

 

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Nieves

 

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Alejandro

 

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Jesús

 

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Miguel

 

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Manolo Vega

 

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Juan Leal

 

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Juanma

 

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Julio

 

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Dani

 

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Cristina

 

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Miguel Ángel

 

            Este año bautizamos en rutas extracomunitarias a Nieves, Jesús Cascón, Juanma Sosa y Julio. Los clásicos no suelen fallar, Miguel, Fernando, Juan Leal, Francisco Polvillo y Manolo Vega. Alejandro desde que hizo el Camino de Santiago es también de los seguros. Manuel El Mecánico repitió por segundo año consecutivo. Como mencionábamos anteriormente, los triatletas Dani, Cristina y Miguel Ángel se apuntaron nada más ver el plan, trío de figuras con los que habrá que contar en un futuro.

 

EXCURSIONES

 

            Optamos por recurrir a los pasos de montaña más tradicionales, con posibilidad de hacer los itinerarios en el sentido de las agujas del reloj, o en el sentido inverso. A favor del reloj, por poner un ejemplo, tocaba Navacerrada, y a la inversa se intercambiaba por Cotos. Sopesamos una y otra variante, inclinándonos por la más lógica, total, ya que estamos… Para despedirnos, el Club Ciclista San Sebastián de los Reyes nos esperaba para rodar unidos la “Ruta de Las Canteras”. Los itinerarios los detallamos a continuación:

 

Viernes 14 de Agosto: Guadalix de la Sierra – Soto del Real – Manzanares el Real – Cerceda – Navacerrada – Puerto de Navacerrada (1.880 m.) – Puerto de Cotos (1.860 m.) – El Paular – Rascafría – Puerto de La Morcuera (1.796 m.) – Miraflores de la Sierra – Guadalix de la Sierra. 103 km.

 

Sábado 15 de Agosto: Guadalix de la Sierra – Miraflores de la Sierra – Puerto de La Morcuera (1.796 m.) – Rascafría – Lozoya – Canencia – Puerto de Canencia (1.524 m.) – Miraflores de la Sierra – Guadalix de la Sierra. 88 km.

 

Domingo 16 de Agosto: Guadalix de la Sierra – Soto del Real – Colmenar Viejo (punto de encuentro) – Soto del Real – Guadalix de la Sierra – Navalafuente – Bustarviejo – Alto de Bustarviejo (1.320 m.) – Miraflores de la Sierra – Guadalix de la Sierra. 70 km.

 

NAVACERRADA Y LA BOLA DEL MUNDO

 

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            Pasadas las nueve de la mañana, ya señalaba el mercurio 22ºC, presagio del fin de semana mas caluroso del año según cifras facilitadas por el Instituto Nacional de Meteorología. Partimos de Guadalix buscando por el exterior la carretera  M–608. Pasamos la Rotonda del Gordito, bautizada así por El Mecánico, y al poco tiempo comienza una subida suave, que no para, y sigue de nuevo, para calentar no está nada mal. Coronando la cota, descendemos hasta Soto del Real, travesía traficada por ser cruce clave con Colmenar Viejo. Atravesado Soto, el embalse de Manzanares el Real nos refresca el ambiente, precioso paisaje con el Castillo de los Mendoza decorando un cuadro para enmarcar. Un museo de castillos con una colección de tapices se aloja en esta fortaleza, que comenzó a construirse en el año 1.475 y es la mejor conservada de toda la Comunidad de Madrid.

 

            El pelotón se dirige hacia el momento estelar del día, la subida al puerto de Navacerrada. Para eso tenemos que avanzar hacia Cerceda, punto que tomamos como referencia de nuestro primer gran objetivo. En Cerceda comienza el ascenso del puerto de montaña más alto de todo el Sistema Central, uno de los más elevados de la península, de los más transitados, y según fuentes fidedignas el más visitado en toda la historia de la Vuelta a España con 39 ascensiones puntuables. Su debut fue en la ronda inaugural, en 1935, y desde entonces forma parte de las clásicas etapas finales, con la emoción de posibles vuelcos en las clasificaciones. Se ha subido en línea y contrarreloj; uno de los sueños irrealizables del desaparecido Enrique Franco fue poder hacer una contrarreloj hasta La Bola del Mundo. En varias ediciones se ha ascendido por partida doble, y en 1.998 hasta tres repeticiones. Este año sin ir más lejos, la gran caravana multicolor española reincidirá nuevamente. La Marcha Cicloturista Perico Delgado nació con Navacerrada en su trazado, y muchas pruebas secundarias han seleccionado la mítica montaña castellana para dinamitar sus carreras. No hace falta comunicar más la dimensión que adquiere la hazaña que nos proponemos realizar. Sus números no engañan a nadie; desde Cerceda son 18 kilómetros al 4,5%. Si tomamos como señal Navacerrada, sus cifras varían, 9 kilómetros al 7,1%. Por eso, nosotros dividimos su asalto en dos mitades iguales en longitud, que no en desnivel.

 

            Aparcamos Cerceda a nuestra izquierda, y ya notamos el desnivel, sin superar el 2% durante los dos primeros kilómetros. Poco a poco va aupándose la pendiente, sin llegar al 3% la siguiente pareja de kilómetros, hasta que vamos entrando en materia. La calzada se sigue alzando a medida que nos aproximamos a Navacerrada, con cifras entre 5-6% hasta la localidad que lleva el nombre del puerto. La primera parte de la ascensión ha finalizado con el equipo fraccionado. Los más fuertes suben a tren, el resto se lo toman con calma, porque como dice Del Nido, “lo mejor está por llegar”.

 

            Un ligero falso llano avisa de la primera de las batallas. Nos desviamos en Navacerrada y el firme se torna rugoso, una nueva contrariedad añadida a las rampas, que continúan increscendo. Manolo Vega y Dani aceleran el ritmo, con Polvillo, Fernando y Alejandro a rueda. En el Hotel La Barraca se desentierra el hacha de guerra, yéndose Alejandro solo con Dani pisándole los talones. La llegada al Ventorrillo deja tocada a la tropa. Por delante, Alejandro va solo, a continuación Dani, y algo más alejados Vega y Francisco. Nieves sufre, y por detrás Miguel, Juan y Jesús se retuercen en rampas que superan el 10% en muchas ocasiones. Cristina y El Mecánico perdidos. Son los cuatro kilómetros postreros que van a dejar cicatrices importantes, ya que la pendiente se mantiene por encima del 8,5% desde el Ventorrillo.

 

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            La fuente de Los Geólogos está en el sitio justo para reponer agua o hacer un breve descanso mientras se llena el bidón, porque el frígido chorro invernal se convierte en estas fechas en una sucesión de gotas que te sirven para recuperar el aliento. Los dos últimos kilómetros son más llevaderos por decir algo, al 7,5% hasta encarar el definitivo remonte a la estación con un nuevo rampón al 12%, que comienza a suavizarse hasta que vemos el cartel: Puerto de Navacerrada 1.880 metros. Alejandro coronó en primer lugar el rey de la Sierra de Guadarrama, con Dani a más de dos minutos y el dúo formado por Manolo Vega y Francisco Polvillo a más de cuatro, haciéndose con el primero de los trofeos donados por el Ayuntamiento.

 

            La ascensión carece de herraduras dignas de mención; es una subida regular, recta, con mucho tráfico rodado y arboleda en algunos tramos, que nos sirvió para protegernos de los rayos solares, a estas alturas ya apretaban lo suyo. La Bola del Mundo la vimos desde lejos. Hubo quien lo intentó, pero el pavimento dejaba mucho que desear, una senda con surcos de hormigón que hacían materialmente imposible su aproximación. Que nos avisen cuando la asfalten en condiciones, siempre habrá algún perturbado que se atreva, ¿o no?.

Las cámaras digitales no paraban de disparar. Poses individuales y de toda la agrupación, la coyuntura así lo requería. Esta es una de muchas.

 

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            El cruce a la derecha nos conduce al Puerto de Cotos a través de una vía de incalculable goce. Es una delicia circular a casi dos mil metros con brisa favorable, con el sistema pulmonar captando el oxígeno en su estado más puro. Estas corrientes son como inyecciones de bienestar al tejido muscular para que no acumule el repugnante ácido láctico. Cargamos pilas hasta llegar al hermano de Navacerrada, Cotos.

 

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            El descenso de Cotos es de esos que se disfrutan, largo, no muy técnico, pero tenía trampa. Comenzamos a notar unas picaduras de insectos por las extremidades, pero te fijas en la zona afectada y no ves la punción, que cosa más rara. Tardamos tiempo en darnos cuenta que eran raspas de la generosa arboleda la que impactaba contra nosotros. Si unimos la velocidad, el trocito de rama de pino y el impacto, impresiona como picotazos. Por otra parte, el frondoso bosque impedía con sus sombras la detección de algún que otro bache suelto, que nos tragamos más de uno a altos vuelos. Fueron pequeños escollos que para nada enturbiaron la bajada de uno de los puertos más atractivos de la geografía madrileña. Y como colofón, la llegada al Real Monasterio de Santa María de El Paular, obra comenzada en 1.390 prolongada durante varios siglos. Los monjes benedictinos siguen ocupando en el presente una parte del Monasterio, dedicándose a su conservación y mantenimiento mientras que el Palacio se reconvirtió en un hotel regentado por la cadena norteamericana Sheraton. Tanto el Monasterio de El Paular como sus alrededores, son destino habitual de los habitantes de Madrid para escapar de la ciudad, paraje natural privilegiado.

 

            El alto de Cotos ha figurado 15 veces en el listado de grandes citas de la Vuelta. Desde 1.980, se han librado duras batallas en sus rampas; en una de ellas cimentó Pedro Delgado su primera gran victoria en La Vuelta, demarrando continuamente hasta fugarse en solitario. Fue en 1985 con el escocés, actualmente escocesa, Robert Millar de líder. El escalador de Segovia pasó como una centella por la cima, lanzándose de forma suicida por las Siete Revueltas. Alcanzó a Pepe Recio que iba por delante, y como dos posesos pusieron tierra de por medio; el mal entendimiento entre los equipos afectados, les llevó a presentarse en meta con 6’50” sobre el gran grupo, suficiente renta para birlarle el triunfo al ciclista del pendiente la penúltima jornada de carrera. A partir de ese día, Millard comenzó a pensar como mujer, un segoviano lo había pasado por la piedra. Era la primera gran coronación del ciclista español más carismático después de Bahamontes.

 

            Pedaleando por el valle nos adentramos en Rascafría, otro de los municipios a tener en cuenta. Su travesía nos recordó a Gerena o Benacazón por el largo tramo adoquinado, siempre molesto para cualquier aficionado. Paramos para reagruparnos antes de afrontar el segundo de los obstáculos de la jornada, el puerto de La Morcuera, calvario que tuvimos que soportar durante casi una hora, por su cara más suave en teoría. Llenamos los bidones para combatir el fuerte calor, todos sabíamos lo que nos esperaba. Juan da ánimos al personal:

 

–        Coronando Morcuera se acaba la etapa. Después es todo bajada hasta Guadalix. No perdamos más tiempo.

 

            Era verdad, pero resultaba fácil decirlo. La mole montañosa que teníamos delante imponía. Por la vertiente norte, los datos de La Morcuera hablan de catorce desiguales kilómetros al 5% de media, números muy agradables para apechugar con una sola ración. Lo cierto es que comenzamos con la moral que te da haber derrotado al soberano Navacerrada, y te ayuda también la dulzura de los dos primeros kilómetros, falso llano con algunos robles sombreando el camino. Pero de seguida comienza el suplicio, el tercer kilómetro nos presiona al 6%. La concatenación de cuatro curvas en herradura más adelante, hace que los desniveles suban por encima del 7%. Hasta aquí hemos llegado, se acabó el chollo. Ya no hay ni buenas ni malas sensaciones, simplemente no hay sensaciones. Desde ahora toca arrastrarse por las laderas. El Refugio del Palancar nos da un respiro, un trecho llano muy corto, rápidamente enfilamos otros dos kilómetros al 6% introduciéndonos en una garganta profunda de la que salimos con rampas al 10%, ¡demasié!. Por arte de magia, escapamos del barranco y la pendiente se alivia, estamos en la parte final del puerto.

Dos toros en todo el centro del hipotético ruedo, hacen que aminoremos el ritmo, ¡esto era lo que nos faltaba!. Te acuerdas del chiste: “vete a por otro que a mí me tienes seguro”. Con mucho disimulo y el corazón disparado los sorteamos, ¡uuufffff!.

 

            El viento nos pega de cara, y se agradece. Se entremezclan llanos, incluso algún pequeño descenso, con elevaciones no muy pronunciadas, esto es otra historia, ya estamos viendo el final del túnel, la cima. La Fuente de Cossío proclama la victoria, ¡ya casi está hecho!. Final de seda para un puerto en el que no había ni un alma, la consigna era continuar hasta Guadalix. La foto la dejamos para mañana, hoy podían haber salido cadáveres.

 

            Vencida La Morcuera, había que regocijarse con la bajada, y de paso tomar nota para la siguiente jornada. Lo primero que apreciamos fue la diferencia de vegetación. ¡Cómo iba a tener árboles la cara norte, si están colocados todos en la contraria!. Los frenos hay que tocarlos, se coge bastante velocidad, eso significa que hay desnivel, pocas curvas, buen piso, ideal para lanzarse a tumba abierta. Ya no te acuerdas de las fatiguitas anteriores. Llegando al pueblo palpamos menor desnivel, Miraflores de la Sierra. Te entran ganas de tomar una cervecita en uno de sus adornados bares, pero hay que seguir, y continuamos descendiendo, ya divisamos Guadalix, la Casa del Gran Hermano, ahora sí nos vamos a tomar unas litronas…

 

            Alejandro y Dani firmaron pacto de no agresión en Morcuera, Manolo Vega comenzó subiendo el último y fue remontando a todos, Polvillo y Fernando era el siguiente vagón, con Nieves bastante más retrasada. Miguel, Juan y Jesús aterrizaban juntos, tardaba en llegar Cristina, y no digamos El Mecánico. Unos más tarde y otros más temprano, todos llegaron, medio vivos o medio muertos, y hubo botellota. Dani no se explicaba como sus compañeros habían subido dos puertos devorando uno de los cereales más deseados por este Club, la cebada, oséase, la cerveza. Ni yo tampoco me lo explico…

 

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LA MORCUERA SURY CANENCIA

 

            Tres nuevos integrantes hacen aumentar la nómina de esforzados de la ruta, Juanma, Julio y Miguel Ángel. Manuel El Mecánico canjeó la máquina por la furgo de ATESA, todos salimos ganando. Del tiempo mejor no hablar, media España en alerta por las altas temperaturas. Nos disponíamos a vivir otra etapa épica.

 

            Evacuamos la fonda a la misma hora que ayer, por el puente hasta llegar a la rotonda. Justo ahí comienza la subida a La Morcuera, sin calentamiento previo, sin anestesia. Desde Guadalix, los guarismos dicen 18 kilómetros al 5%, en cambio, desde el cruce con Canencia, salen 9,2 al 6,8%. Nosotros nos lo tomamos como Navacerrada, en dos fases repartidas por igual en kilometraje, y desigual en porcentajes; hasta Miraflores, y después de Miraflores.

 

            Sin más miramientos, nos mentalizamos para subsistir en otro de los referentes ciclísticos, la vertiente sur del puerto de La Morcuera. Precisamente aquí realizan sus exámenes a modo de registros los devotos de las cumbres, tomando tiempo en el cruce con Canencia. Pero ninguno de nosotros tenía hoy muchas ganas de opositar, o al menos así lo parecía.

 

            Ritmo tranquilo al principio, sin taquicardias, y mucha exquisitez en estos prematuros compases. Transcurridos los dos primeros kilómetros, se suceden otros tres al 2% aproximadamente. A medida que nos aproximamos a Miraflores, va cambiando el panorama, pero nunca sin sobrepasar el 6%. Una curva de herradura a derechas, y ya pisamos el pueblo. Estamos preparados y a punto de realizar nuestros controles.

La división del paquete ya se había producido. Jullio y Alejandro llevaban cincuenta metros de ventaja al grupo puntero, que comenzaba a disputarse el segundo de los trofeos oficiales. La travesía es breve, en continuo ascenso. Superando la segunda de las herraduras, rumbo al cielo. Una fuente a nuestra izquierda, y le decimos a Miraflores hasta luego. Los madrileños no se entienden y Ale despacha a Julio. Los demás, concienciándose; Dani se huele la jugada y salta a buscar a Alejandro, pero va a ser demasiado tarde. El séptimo de caballería ya ha tocado zafarrancho de combate. Juanma, El Maestro, Fernando y Polvillo cazan a Julio. El autobús va a lo suyo, con paciencia, esto es cuestión de tiempo.

 

            Muy agradable la salida de la localidad, sobre el 5%, con una arboleda protectora que te espolea hacia arriba. No ha trascurrido un kilómetro cuando la cosa se va poniendo seria, cercana al 7% este trazado rectilíneo con solo dos curvaturas que no resquebraja en absoluto nuestra moral.

 

            Es muy gratificante avanzar en esta jungla, con plantaciones forestales a diestro y siniestro. Subir en línea recta puede terminar pasando factura psicológicamente, probablemente sea mejor ignorar el porvenir. La Morcuera te permite la posibilidad de presenciar el circuito escarpado de sus inclinaciones. Vigilas, observas, contemplas, adviertes, disfrutas en resumidas cuentas de lo que estas haciendo. Hemos pasado el cuarteto de kilómetros cercano al 7% divirtiéndonos, tolerando desniveles persistentes. Se acerca el quid de la cuestión, la Fuente del Cindo. Además de su próspero caño, el “tío del Mazo” tiene allí su tienda. Si consigues esquivarlo, conseguirás hacerte la foto victoriosa. De lo contrario, como te pille, marcharás como un sonámbulo hasta el final. Cuesta muchísimo conservar los dos dígitos en el cuentakilómetros, rampas del 10 y 12% nos azotan perpetuamente, ayer el Ventorrillo, hoy la Fuente del Cindo.

 

            Despachamos al “tío del Mazo” con una media verónica, tan solo nos quedan tres kilómetros, lo peor ya ha pasado. Nos atrevemos a bajar piñones, parece que disminuye el desnivel, por poco tiempo. Continua el padecimiento, ahora ya con calor, la arboleda nos abandonó en la fuente, en el horizonte espléndidas vistas, ya va quedando menos. Mantenemos el tipo como podemos, el penúltimo eslabón casi al 8%, se alarga la angustia, nuevamente repechos al 10% vistos desde lejos. La perspectiva se abre, oímos un tumulto, parece que es con nosotros. Es el final, los lugareños nos aplauden desde lejos en una amplia explanada a nuestra izquierda, y terminamos como todo buen puerto merece, con otra elevación al 12%. Lo conseguimos, que cada uno escoja su ojeada, hacia Miraflores o hacia Rascafría, ha merecido la pena.

 

            La Morcuerate engendra en su vientre cual madre protege a su descendencia. En Miraflores te ofrece los fluidos de su bendito pueblo, desde la entrada te refugias en su selva, a mitad de camino te invita en el Cindo, la espesura se despide brindando espectaculares horizontes, y su proclamación es grandiosa con el Cossío para repostar, ¿hay quién de más?. Para nuestros adentros llevamos el coqueteo con uno de los grandes de España, el puerto de La Morcuera, prisioneros todos de tan fastuoso hechizo.

 

            Cumpliendo con los pronósticos, Alejandro repitió en La Morcuera, sacándole tres minitos a Dani,  y cuatro a Juanma, Manolo y Polvillo. Era la rueda buena, todos lo sabíamos, ¿pero quién es el guapo que la sigue?. El Ingeniero había dominado un puerto que presentó sus credenciales en la gran ronda española en 1.979, y que hace de filtro en sus remates asociado a los contiguos Cotos, Navacerrada, Canencia, Abantos o Los Leones. En septiembre cumplirá su vigésimo primer aniversario en La Vuelta este puerto que lleva grabado a fuego Faustino Rupérez, a éste bien que le endiñó el “tío del Mazo” en su primera comparecencia. Miguel Mari Lasa hizo de lazarillo defendiéndole de los ataques de Pedro Torres. La clase del corredor de Oyarzun le salvó los muebles en la única grande que posee en su palmarés.

Permanecimos en la cumbre hasta retratarnos todos, juntos, separados, en parejas, tríos… al tiempo que reponíamos los bidones. El Mecánico llevaba en el vehículo una buena nevera a disposición de todos los efectivos, agua fresquita, acuarios, refrescos. Así da gusto, porque ayer las pasamos putas en este mismo terreno, hoy va a ser bien distinto.

 

            Dispuestos estábamos para deleitarnos camino de Rascafría, y de paso desquitarnos de los desalientos de un pasado muy presente. Honramos a la Fuente de Cossío con nuestra mirada de agradecimiento, despeñándonos a continuación evitando piques, sin pedalear, recreándonos en esta curva, en los precipicios, cultivando el cicloturismo. Así nos presentamos en el adoquinado de Rascafría, donde nos reunimos después de un planeo de fantasía por las quebradas faldas de La Morcuera.

 

            Inmersos en una de las localidades del Valle de Lozoya, también nombrado como Valle de El Paular, diez kilómetros nos separa de su capital, Lozoya. Manolo toma el mando, adentrándonos en la cuenca del Río Lozaya, mientras Alejandro cavila el no va más. El pantano de Pinilla le refrigeró sus neuronas, y cuando llegamos al pueblo, El Ingeniero se quiere dar la vuelta:

 

–        ¿Me acompaña alguien al puerto?

 

            Se refería al Puerto de Navafría, doce kilómetros mal contados al 5,5 %. El madrileño del barrio de Salamanca no obtuvo respuesta, y se merendó con esa facilidad trepadora que le caracteriza uno más de los gigantes de la demarcación. Ocho veces ha sido convidado Navafría al listado de honor de La Vuelta, otro primera categoría algo desorientado geográficamente del resto. Aquí está la muestra de la gesta de Alejandro, y nos consta que no es un montaje.

 

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            El pelotón viajaba fragmentado buscando la carretera que conduce a Canencia. Juanma intenta reenganchar a los descolgados sin conseguirlo. Por detrás ya van economizando con la mente puesta en el segundo de los compromisos, el puerto de Canencia. Hay quien define este puerto como uno de los más propicios para iniciarse en la alta montaña por el entorno en que se sitúa, aunque de mucha altitud, pero sin la tremenda dureza que reviste ese calificativo. Desde el cruce con la M-604 hasta su vértice opuesto, nos aguardan catorce kilómetros al 3,5%. En nuestros cálculos, una nueva división a la mitad, siete y siete, y para no variar de Navacerrada y La Morcuera, totalmente distinta en cifras matemáticas.

 

            El desvío hacia Canencia nos cambia el piso, metiéndonos de lleno en otro de los entablados seleccionados. Recomenzamos nuestra andadura con dos kilómetros que ponen firme al escuadrón. Allanamos hasta el pueblo, siempre picando hacia arriba. Cuesta llegar a Canencia, donde seguimos navegando en falso llano dos kilómetros más después de atravesar las calles de la villa. Una curva en herradura a la izquierda nos introduce en un estrecho valle que conduce al Refugio de Canencia. En el séptimo kilómetro es donde se produce el cambio severo, esto ya va en serio. Afloja un poco la presión para aumentar nuevamente en una línea recta sobre el 6%, que nos va dejar en una herradura a derechas continuada inmediatamente por otra opuesta, en el espléndido bosque que nos protegerá hasta que coronemos. Dos nuevas revueltas y seguimos erre que erre en el antepenúltimo peldaño al 7,5%. Bandazos a un lado y a otro, Canencia comienza a atravesarse, La Morcuera nos está pasando factura. Nuevas rampas al 10%, esto ya no estaba previsto, el personal sufre de lo lindo. Algo más de un kilómetro para coronar, ya no queda nada. Se levanta una vez más el asfalto, al 10%, la moral a punto de explotar. Dani amplía su ventaja sobre sus perseguidores, por detrás, Juan le explica a su alumno Miguel Ángel con voz entrecortada que piense que siempre hay alguien que va peor que tú, mira Miguel. Cuando alguien se detiene es porque va muerto, eso hace crecerte, aunque seas tú el próximo “fiambre”. La conquista de Canencia se prolonga. Salimos de la zona más dura del puerto tocados, pero no hundidos, al final no te puedes venir abajo, ¿pero cuando se acaba esto?. No ha podido con nosotros el Tourmalet, ¿va a poder Canencia?. El cerebro trabaja aceleradamente, nos estimulamos para sobrevivir, nos ponemos de pié por enésima vez, vemos unos coches detenidos a nuestra izquierda, ¿será el final?. Efectivamente es el fin, el Área Recreativa instalada en la cúspide te recoge, nos tomamos el merecido descanso.

 

            El puerto de Canencia es coetáneo de Cotos y Navafría en la Vuelta. Se estrenaron los tres en 1.980, casualidades de la vida. En 1.991 pasó al olvido este hermoso collado, aureolado en siete ocasiones en nuestra gran carrera. Y para que conste en acta, la foto de familia que no falte.

 

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            Desde Canencia a la Casa del Gran Hermano, usamos tan solo lo frenos. Es una de las grandes ventajas de nuestra estancia, ocurrió lo mismo ayer desde La Morcuera. Los tres primeros kilómetros se vuela con desniveles favorables por encima del 7%. Nos topamos con la primera y única herradura de toda la bajada a los 400 metros, ojo avizor, que la máquina se embala por los pinares. El trayecto intermedio es prácticamente llano, ya se ve Miraflores, el biciclo quiere llegar cuanto antes al pueblo. Las urbanizaciones nos dan la bienvenida, trabajan las zapatas de freno hasta el cruce, ¡vaya pendiente!. No soltamos el freno porque de seguida trazamos la herradura donde desemboca la calle Mayor, y de aquí en adelante ya es territorio explorado, carrera veloz hasta Guadalix.

 

            En la Taberna del Andaluz, al olor de las patatas a la brava, se detuvieron Manolo Vega, Miguel y Juan Leal. Servían el botellín helado en jarras de medio que extraían del congelador. Hasta que no acabaron con las reservas, no se fueron. Mañana, a la misma hora.

Alejandro destapó sus cartas el último. Tenía trío de ases, Morcuera, Navafría y Canencia, solo pensarlo da escalofrío…

 

            Sobre el papel, la segunda etapa no era tan dura como la primera, el kilometraje era también más reducido, el calor era el mismo, pero todos recordaremos el desgaste realizado en este segundo capítulo, hasta coronar el puerto de Canecia.

 

LA FUENTEDEBUSTAVIEJO

 

            Para echar el telón habíamos hablado con un viejo conocido, José María Rodríguez, cuñado de Fernando Baelo. Nuestro amigo Jóse haría de guía en un desconocido itinerario, sin el renombre de los Navacerrada, Morcuera, Cotos…, y que sirvió para poner el broche final a esta aventura por Guadarrama. En principio se tenía previsto la denominada Ruta de Las Canteras, pero su kilometraje no cuadraba como epílogo. Había que buscar una etapa corta, igual que el pasado año cuando subimos El Travieso, y Jóse acertó de pleno.

El punto de encuentro era Colmenar Viejo, y hacia allí nos fuimos en busca de nuestros amigos por el camino más largo. Salimos por el puente hacia la Rotonda del Gordito y enfilar la misma carretera del primer día, la M-608. En Soto, Alejandro nos condujo por el carril bici hacia Colmenar. Flipamos con el tráfico del carril bici, aficionados de todas las edades, padres con hijos, clubes con más de treinta integrantes rodando con fuerza, lo nunca visto. Nosotros no estamos acostumbrados a este tipo de carriles tan estrechos, que entrañan cierto peligro para inexpertos, y este era nuestro caso. En la primera rotonda de Colmenar Viejo nos detuvimos a esperar a Jóse y su batallón. Tras veinte minutos de ansiosa espera, divisamos a lo lejos unas quince bicicletas con montas amarillo y negro, nos recordó al equipo O.N.C.E. en sus comienzos. Saludamos a Jóse al tiempo que sus compañeros partían a buscar al pelotón de la Perico Delgado. Únicamente permanecieron junto a él dos de los más sosegados socios del Club. Mejor así, menos piques tendremos.

 

            Retomamos el carril bici en sentido contrario, hacia Soto del Real, con tranquilidad, a velocidad moderada. Llegando a Soto, casi nos tragamos un vehículo en uno de los cruces, y es que ya avisábamos de la peligrosidad que conllevan estas vías. De Soto a Guadalix pica hacia arriba al principio la calzada, y se produce un corte en el grupo. Manolo Vega y Juanma se quedan a esperar a los retrasados. Por delante no tardó mucho en plantearse la batalla. Cuesta abajo y a lo loco, emulando a los profesionales, el pelotón se estira, a 50, a 60, a 70. Juanma y Manolo sacan su raza, a 80 por hora llegamos a la Rotonda del Gordito, y esto era solo el comienzo.

 

            Giramos a la izquierda en un cruce, introduciéndonos en la M-625 dirección hacia Navalafuente. Jóse nos recomienda que quitemos ya el plato, y El Mecánico suelta una de las suyas: ¡yo ya hace tiempo que lo he quitado!. La M-625 presenta un perfil emergente que le recordó a Miguel Ángel los paisajes de El Ronquillo. El rosario ya estaba formado antes de llegar a Navalafuente. Pasamos la pequeña villa de poco más de mil residentes brevemente hasta afluir a la M-631. Debajo de una encina estratégicamente situada en el cruce, nos reagrupamos, no vaya a ser que se despiste alguien. Radio-Vuelta nos avisa que Miguel, Alejandro y Cristina se habían quedado en Guadalix. Así que no esperamos más, rumbo a Bustarviejo.

 

            Por una amplia cañada buscamos otro pueblo de carácter montañés. Bustarviejo vivió un auge en la construcción de pisos y chalés esencialmente como segunda residencia, creciendo a distinto ritmo que sus limítrofes, conservando zonas residenciales para atraer el deporte de invierno y el turismo rural. Oculto en principio por una loma, tardamos en avistar el municipio bustareño, y aunque avanzamos, no apreciamos esa cercanía. El ferrocarril nos saluda con su silbido, ya parece que nos estamos aproximando. Bordeamos una rotonda sin mucho sentido antes de llegar a las primeras urbanizaciones, por supuesto en ningún momento paramos de ascender, unas veces más ligeramente, otras de forma más brusca. La parada era en la famosa fuente, que según descripción de nuestro aliado estaba a la salida del pueblo hacia Miraflores. Los que permanecieron junto a Jóse, no tuvieron problemas para arribar, pero por detrás se sobredimensionó la visión. Lo primero que encontramos fue un bebedero que goteaba átomos de hidrógeno y oxígeno, ésta no puede ser porque está a la entrada y no se adapta a la descripción. Recorrimos las calles del burgo parloteando con sus ocupantes:

 

-          ¿Esta subida no termina nunca?.

-          Si, acaba en la fuente, nos respondía un abuelo.

-          ¿Queda mucho para la fuente?.

-          Ya mismo están ahí, no llega a dos kilómetros.

-          ¿Cooomoooorrrrrr, dos kilómetroooossss?

 

            Abandonamos Bustarviejo sin ver la anhelada fontana, interminable la aparición. Efectivamente, cuando se alisó la superficie localizamos a nuestra izquierda el venero. Ni por asomo podíamos imaginar la presentación de la escena. La Fuente del Collado, como así se le conoce, se encuentra en el kilómetro 1,8 de la carretera de Miraflores de la Sierra cubierta de verde alameda. Es un altozano que dista 1,5 kilómetros del pueblo con chiringuito incorporado, donde destaca un manantial de piedra de cinco caños por donde sale el agua a borbotones, agua riquísima, fresca y agradable. De los alrededores, y nos dicen que hasta de Madrid, vienen a llevarse el líquido elemento en furgonetas.

 

-          ¡Si Sevilla estuviera más cerca…!.

-          Si Las Doblas tuviera una como esta…

 

            Comentarios a parte, esta inesperada sorpresa se encuentra a 1.320 metros sobe el nivel del mar, y cuando llevas ya tres días flagelándote por la zona, cualquier repecho lo haces entre tinieblas. El Alto de la Fuente del Collado fue otro pequeño cielo; su aliviado perfil encadenó al convoy, esclavos todos de su seductora magia.

 

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            Fue aquí donde tuvimos la primera sensación del final de la aventura, tres días pasan volando. Por eso nos costó regresar al asfalto, pero no había más remedio que poner punto y final. Antes, un nuevo descenso hacia Miraflores, era la única entrada que no conocíamos. Para acariciarla teníamos que hacer el último esfuerzo, la calzada se endereza ¿y van…?. Con la nostalgia que te da la veteranía, nos alejamos de Miraflores a mil por hora. El sprint final estaba en la Taberna del Andaluz. Allí aterrizamos para celebrar otro gran éxito del Club, y que mejor forma de hacerlo que con “la Rubia”, chacinas varias, aceitunas con anchoas, quesitos, patatas a la brava…

 

            A Dani no tuvimos forma de convencerle para que probara la espuma blanca. Algo tímido al principio, se abrió posteriormente este gran amigo onubense, tres días sirven para conocer a un magnífico deportista y a una gran persona. Alejandro disfrutó en su tierra con Dani de estímulo, llevando su contienda particular con los más dotados. Triple salto mortal el segundo día, con Morcuera, Navafría y Canencia. Daba gusto ver el pedaleo de Fernando, con esa potencia que le define moviéndose por una esfera que conocía a la perfección. El Maestro Vega se multiplicaba para tirar del paquete, empleándose a fondo en las subidas exprimiendo sus grandes cualidades, o atendiendo a los mutilados que producía el trazado. Francisco Polvillo es otro de los insustituibles, siempre lo tenemos ahí, sin hacer ruido, peleando con la élite y disfrutando como solo el sabe hacerlo en estas rutas de verano. Miguel va de menos a más, se va quedando al principio en los grandes puertos, para remontar y rematar después. Con un poco más de ambición, estaría delante con los primeros. Nieves se lo tomó con calma, con la mente puesta en Doñana, por las tardes nadaba para cumplir con su peculiar preparación y brillar en la Triatlon Internacional andaluza. Juan viajaba con conocimiento del medio, avisando de los sufrimientos en El Ventorrillo y animando a sus satélites. Ir al lado de Jesús es no parar de reírte, su guerra era otra totalmente distinta, siguiendo la estela de Miguel y Juan. El Mecánico es de los que haría un buen papel encarnando a Jesucristo, Navacerrada y Morcuera fue su Vía Crucis, siempre nos quedaremos con su valentía y coraje, ¡ah!, y otra de sus caídas: ¡que hago yo aquí si no puedo ni con Las Doblas!. Juanma y Julio colaboraron con sus compañeros en faenas desagradables, es una garantía contar con estos dos grandes colegas, echando una mano a los más endeblitos. Miguel Ángel se hermanó con Juan camino de Las Pajanosas, y eligió su rueda para viajar más cómodamente. Al principio El Presi le alentaba, pero su juventud terminaría imponiéndose, devolviéndole los auxilios que éste le prestó, lazos de sangre se llama eso, nunca mejor dicho. Para ovarios, los de Cristina, El Mecánico traía la preparación de Contador comparado con ella. Tres hurras por Cristina, hip hip, hurra…

 

            Año nuevo, ruta nueva. Vendargues, los Pirineos, el Camino de Santiago, La Sierra de Béjar, Guadarrama…, el cuentakilómetros suma y sigue, como la canción, “que el ritmo no pare”. Son muchas horas ya de convivencia dentro y fuera de la carretera. Ganaremos pocas carreras, pero organizando eventos no nos gana nadie, los penúltimos el Circuito y Guadarrama, porque seguro que habrá más. Intérpretes, los de siempre, ya con nomenclatura nueva, CLUB CICLISTA ESPARTINAS y su séquito. El escenario, la Sierra Norte de Madrid, una de nuestras asignaturas pendientes, y el episodio “Amoríos, devaneos y romance en Guadarrama”. Un brindis, por todos nosotros, y por “Pepe El Trompeta”, que continúa en el anonimato y en paradero desconocido.

 

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            Sin tetas no hay paraiso, y sin bicicleta y cerveza, tampoco.

 

            Gracias por vuestra paciencia. Hasta la próxima.

 

Juan Leal (El Presi)