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Ruta Sierra de Béjar jul_2008

RUTAS POR LA SIERRA DE BÉJAR Y VALLE DEL AMBROZ

 

LOS ACTORES

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LA CANTERA EL ALCALDE

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… Y LAS SUFRIDORAS

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INTRODUCCIÓN

 

            Era pleno invierno cuando en el Hospital NISA Aljarafe coincidían Manolo Romero (El Niño del Polvero) y Juan Leal en circunstancias bien distintas. Juan visitaba a un sobrino ingresado por problemas respiratorios sin saber que la madre de Manolo agonizaba de una cruel enfermedad. Después del cordial saludo, era inevitable hablar de nuestro deporte como desahogo. Manolo le pregunta a Juan por la ruta de verano:

     -    ¿Dónde vamos a ir el año que viene?

 

Juan encogiéndose de hombros, le responde.

     -    Es complicado, más que nada por el tema del patrocinio.

     -    Sería una lástima, porque este tipo de rutas es una de las características del Club, y no deberían de perderse, le respondió Manolo.

 

            El encuentro entre ambos fue decisivo para la invención de la cuarta ruta de largo recorrido del club. Manolo le transmitió a Juan la energía necesaria para seleccionar un paraje no muy lejano, y proponer en la Asamblea Anual Ordinaria su aprobación.

 

           Si Juan y Manolo no se hubiesen visto en tales circunstancias, es muy posible que toda la narración que sigue a continuación no se hubiera producido. Por tanto, esta ruta se la dedicamos a la familia Romero Ruiz, espartineros de corazón, a José Romero, que se había armado de valor en un principio y a punto estuvo de incrementar el equipo, y muy especialmente a su madre, Dolores Ruiz, alentándonos y empujándonos desde una tribuna divina en las cercanas colinas del cielo bejarano. In memoriam, Dolorcita.

 

EL PUEBLO

 

 

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            El amanecer en el Complejo Turístico Rural El Solitario es difícil de olvidar. Estamos en Baños de Montemayor, último pueblo del norte de Cáceres, alejados de grandes urbes en la histórica Vía de la Plata. El gallo anuncia la aurora; le responde el burro, y los reprimen los guarros, la naturaleza en todo su apogeo.

 

            Asentado en la zona norte del Valle del Ambroz, su millar corto de habitantes soportan el gélido invierno a 700 metros de altura, y disfrutan de un cálido verano con temperaturas cercanas a los 30ºC. Los testimonios más antiguos de este municipio datan de la época romana, relacionados con una fuente de aguas termales y la calzada romana. La calzada se conserva en perfecto estado en las entradas norte y sur de la población.

 

            Durante la Edad Media, la Vía de la Plata perdió importancia económica, y tras la Reconquista, el trazado sirvió para dividir los reinos cristianos de Castilla y León. De este modo Baños se convierte en un pueblo fronterizo, con dos núcleos poblacionales unidos en cuanto a realidad física, pero diferenciados administrativamente. Cada barrio pertenecía a reinos distintos, a diócesis distintas y a distintos señores feudales.

 

            En el siglo XVIII, D. José González Laso, Obispo de Plasencia, llevó a cabo importantes obras en la zona, entre ellas la reforma del Balneario. De esta época es el primer edificio de los baños, cuyas bóvedas de ladrillo aun se conservan.

 

            El siglo XIX representó el florecimiento del termalismo, construyéndose un nuevo edificio y un hotel. Por su especial microclima, Baños se convirtió en un destino de veraneantes, que construyen residencias de verano siguiendo los estilos arquitectónicos del momento.

 

Patrimonio                                

 

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Calzada romana (siglo I a.C.)

 

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Termas Romanas (siglo I d.C.)

 

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Iglesia de Santa Catalina (Siglo XV)

 

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Iglesia de Santa María (siglo XVI)

 

El Balneario

 

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            Desde la dominación romana, ya existían las fuentes termales, utilizadas y veneradas por militares y funcionarios romanos además de la población hispano-romana, que veían alivio considerable de sus males en estas sulfurosas aguas que emanaban desde el siglo II antes de Jesucristo.

 

            El Balneario consta de dos edificios, uno de nueva construcción (1.995), y el antiguo, del siglo XIX reformado en el año 2.000, en el cual están situadas las Termas Romanas. En su conjunto, es de los balnearios más especializados y afamados de España, con un gabinete médico competente que pone a disposición del usuario dos tipos de tratamientos:

 

  • Terma Relax, que incluye Ducha Ciclónica, Bañera de Hidromasaje Colectiva, Fuente de Hielo y Pasillo Vascular.
  • Terma Romana, con Baño Romano Aromatizado, Terma seca y húmeda, Ducha tropical, Reposo en sillones térmicos y piscina con masaje subacuático.

 

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Artesanía tradicional

 

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            La manera de trabajar la madera del castaño se remonta a tiempos inmemoriales, y es característica de los puebles del Valle del Ambroz. En Baños se trabaja la madera en fino, cestos y utensilios dedicados principalmente a labores del hogar. La preparación de la madera es realizada con gran esmero, logrando así un producto  de alta calidad.

 

           El gremio ha sufrido una disminución por la laboriosidad del oficio, permaneciendo abiertas seis cesterías en la actualidad.

También es muy relevante la artesanía de la cerámica.

 

EL SOLITARIO

 

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            Limitando Extremadura con Castilla–León, en un paisaje de sorprendente vegetación, se encuentra el Complejo Turístico Rural El Solitario. Su primitivo dueño fue Faustino Hernández, maitre del Gran Hotel de Salamanca sobre 1.940. Eran tiempos de posguerra de la dictadura franquista, y su condición de afeminado le llevaba a la soledad, de ahí el nombre de El Solitario. Faustino, asturiano de nacimiento, atendía a sus clientes en sus merenderos a base de sidra y huesillos. En el año 1982, Quintín Mandado y Saturnina de Prados, adquieren la propiedad de la finca. Satur se pone al frente del proyecto ofreciendo trabajo a familiares y amigos. Fueron años difíciles hasta el auge del turismo rural, con cambios en las directrices de la empresa hasta amoldarse a la contemporánea demanda. El relevo generacional se impuso, gobernando el establecimiento Bea Mandado con el apoyo materno en la cocina. Los revueltos de la casa, el tomate al perico, chorizo asado, magro… son paladeados por su selecta clientela. La brasa es trabajada con la sepia, el cochinillo, el cordero o la jeta de cerdo, especialidades más solicitadas por su concurrencia.

 

PROTAGONISTAS

 

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Juan Leal

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Manuel Carrasco

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Manuel "El Mecánico"

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Miguel

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Manolo Vega

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Manolo Romero

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Pepe Camino

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Juan Márquez

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Francisco Polvillo

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Fernando

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Enrique

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Alejandro

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Vicente

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Jose

 

            Desde que en el año 2005 la Ruta Transibérica Espartinas-Vendargues nos concediera la alternativa, con Puerta del Príncipe incluída, el cuentakilómetros se ha dislocado. La Ruta Pirenaica de 2.006 la recordaremos siempre al coincidir en fechas con la llegada del Tour a Pla de Beret. El currículum de las cumbres se amplió con los clásicos de la Grand Boucle, Tourmalet, Aubisque, Aspin, Peyresourde, Marie Blanque, Portillon, Envalira… En el Camino de Santiago lo agrandamos con Elgeta, Urkiola, Lagos de Covadonga, Angliru, La Espina… Sobre el papel, la Ruta del Valle del Ambroz y Sierra de Béjar parecía la más asequible. Juan se encargó de demostrar que no hay que irse a los Pirineos, Alpes o Dolomitas para hacer recorridos duros. El personal estaba advertido.

           

            Juan Leal, Miguel Cruz, Fernando Baelo, Manuel Carrasco (asombroso lo de este hombre a sus 73 años) y Francisco Polvillo le contarán a sus nietos, algunos ya lo hacen, sus vivencias por esas carreteras lejanas; son los únicos socios del club que se alinearon en todas las excursiones estivales. Manolo Vega, Manolo Romero y Pepe Camino fallaron en la primera. Alejandro repite este año, y debutan Vicente, Juan Márquez, Enrique, y Manuel “El Mecánico”. Es la nómina de osados que llegó a Baños de Montemayor, muchos de ellos con familiares y amigos, en esta cuarta aventura. José María Rodríguez, cuñado de Fernando Baelo, se incorporó en la tercera etapa. El madrileño, perteneciente al Club Ciclista Los Marchantes de Alcobendas, aguantó estoicamente el tipo a pesar de haber padecido una cardiopatía isquémica. El Mecánico hizo las etapas cuarta y quinta, las mismas en las que no compareció Pepe Camino por problemas de salud, y Enrique faltó en la última cita.

Como dato curioso, resaltar que Fernando Baelo es oriundo de Baños; su madre, emigró posteriormente al norte. Ahora nos explicamos la poderosa pedalada del asturiano cuando la carretera se empina, con el linaje del Ambroz de carburante. Y creíamos que era la escuela Tarangu.

 

LAS ETAPAS

 

            La orografía del Valle del Ambroz, posibilita el diseño de distintas y variadas rutas. Seleccionamos en principio las más atractivas, con puertos muy duros, dulcificados con fascinantes poblaciones, Béjar, Piedrahita, El Barco de Avila, La Alberca, Candelario, Hervás… El estudio y posterior croquis de los recorridos, corrió como siempre a cargo de Juan Leal; desde el año 1.971 había viajado con asiduidad a la pequeña población cacereña, motivado en un principio por la enfermedad asmática de su hermana Loli. Tras su curación en el Balneario, los Leales se desplazaban con frecuencia a Baños, realizando excursiones por sus alrededores, que han servido para tener un perfecto conocimiento del terreno, y poderlo plasmar en estas rutas que enumeramos a continuación. El primitivo plan fue rectificado por la dureza del relieve, recortándose ampliamente su kilometraje. Nuestras piernas y  sobre todo los familiares, lo agradecieron.

 

1ª.  Sierra de Gredos, con los puertos de Vallejera y La Hoya. 120 km.

2ª. Sierra de la Peña de Francia, con los puertos de Mogarraz, Colmenar y   Montemayor. 100 km.

       3ª.  Valle del Ambroz, con los puertos de La Garganta y Honduras. 67 km.

4ª.  Sierra de Béjar, con los puertos de La Hoya y la Estación Invernal de La Covatilla. 64 km.

5ª.   Sierra de Candelario, con el Collado de las Angosturas y El Travieso. 58 km.

 

En este esquema se aprecian los datos de todos los puertos de montaña.

 

            NOMBRE                 Altitud       Categoría      Vertiente         Longitud      Pte. media

Vallejera

1.186 m.

Sur

3,0 km.

5,5 %

La Hoya

1.250 m.

Norte

6,0 km.

4,0 %

Mogarraz

990 m.

Sur

8,0 km.

5,0 %

Colmenar

850 m.

Oeste

7,0 km.

5,0 %

Montemayor

838 m.

Sur

4,0 km.

6,0 %

La Garganta

1.220 m.

Sur

8,0 km.

6,0 %

Honduras

1.430 m.

Oeste

15,0 km.

5,5 %

La Hoya

1.260 m.

Sur

10,5 km.

3,5 %

La Covatilla

1.960 m.

Especial

Est. esquí

8,0 km.

8,5 %

Las Angosturas

1.320 m.

Oeste

12,0 km.

6,0 %

El Travieso

1.860 m.

Especial

Única

10,0 km.

8,2 %

 

DESPLAZAMIENTO

 

            El Martes 8 de Julio era el día elegido para la partida. El viaje se planteó individualmente en vehículos particulares. Los solteros eran este año Juan Leal, Miguel Cruz, Manuel Carrasco y Alejandro González. Todos los demás llevaban familiares en mayor o menor cuantía. Juan Márquez se adelantó un día a la comitiva, que aterrizaba en Baños de Montemayor a medio día, con las bicicletas repartidas por los vagones de la caravana sevillana.

 

            El Solitario se vistió de gala para acoger a tan numeroso grupo, ofreciendo su disponibilidad al mejor precio. El Albergue, un apartamento a estrenar y tres de sus Chozos, se ocupaban en su totalidad. Había gran interés por conocer el sitio recomendado por Juan Leal, y a fé que no nos defraudó.

 

RUTA DE LA SIERRA DE GREDOS

 

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            Tras ingerir un buen desayuno, posamos para la posteridad antes de partir. Dirección Salamanca, en la Nacional 630 o Ruta de La Plata, ascendemos de salida y sin anestesia Puerto de Béjar, apresurado calentamiento. En Fuente del Cántaro, rellenemos los bidones con el frígido chorro del manantial. ¡Que buena y que fresquita está!. Siempre en contínuo ascenso llegamos a otra pequeña aldea, Cantagallo, para iniciar un descenso breve con Béjar de fondo. La denominada ciudad de los paños, debería permutar su apelativo por la ciudad de los ciclistas. En Béjar afloraron Laudelino Cubino, Roberto Heras, Moisés Dueñas… Pasado el desvío hacia El Barco de Avila, a nuestra izquierda localizamos el Hotel de Cubino. A 1.186 metros coronamos el Puerto de Vallejara, primer obstáculo de relevancia. La Vuelta a España lo califica de tercera categoría, pero su ascenso comenzó para nosotros en El Solitario. Tomamos el cruce de Sorihuela hacia Piedrahita, después del peligroso y transitado descenso de Vallejera. La SA-102 nos llevaría a pueblos con el encanto de Santibáñez de Béjar o Puente del Congosto.

 

            Los Reyes Católicos ordenaron construir un puente sobre el Tormes a principios del siglo XVI. El castillo es de fecha aproximada, conservándose ambos en perfecto estado, monumentos principales del Congosto.

 

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            Con viento favorable, y alguna que otra tachuela, llegamos a Piedrahita, lugar marcado como avituallamiento. Allí deliberamos si ascender o no Peña Negra. Imperó la cordura, y dejamos para otra ocasión el gran coloso de Gredos. No nos arrepentimos, porque fue en Piedrahita donde se nos apareció el Dios Eolo por primera vez. Pepe Camino quedó descolgado, y subió la Peña Negra; decisión no le falta a este veterano que más tarde pagaría con creces su hombrada.

 

            Nos pusimos en marcha en el valle que recorre la nacional 110 con una suave y larga tachuela. En su tramo final comenzó Enrique su calvario. Hasta tres veces tuvo que desmontar su rueda trasera para reparar los pellizcos que le tiraba la llanta. Desde Piedrahita hasta El Barco de Avila, la furia eólica nos azotaba sin piedad, eternizándose la llegada a la localidad abulense. Dejamos el Castillo de Valdecorneja a nuestra izquierda, atravesando el Río Tormes para tomar la AV-100 hacia Béjar, protegiéndonos del vendaval las escarpadas laderas del puerto de Tremedal. En Becedas comenzamos la teórica última dificultad, el puerto de La Hoya. Se habían formado dos grupos, por delante los más fuertes, y detrás los que se habían quedado auxiliando a Enrique. La Hoya terminó con el escaso combustible del segundo paquete, una subida de unos cuatro kilómetros, sin rampas de entidad, pero con cien kilómetros en las piernas resultó interminable. Su descenso nos dejó en Béjar de nuevo. Ya todo era cuesta abajo, en teoría.

 

            En el desvío hacia Cantagallo, no detectamos una pequeña cota de un par de kilómetros a la ida, o no le dimos importancia por su pendiente negativa. La cota alcanzaba el mismo valor psicológico que Las Doblas, por fin era la última. Rápido descenso por Puerto de Bejar, o Puerto de Santi Blanco, como indican las pintadas en la carretera, y llegada a El Solitario. Enrique optó por llenar la rueda cada vez que se vaciaba desde Cantagallo, deslucido final que no resquebrajó la moral del trianero.

 

            Para ser el primer día, habíamos rodado 120 kilómetros, que no estaba nada mal, eludiendo uno de los grandes de la zona, el puerto de Peña Negra. Nos conformamos con ver la oscura roca desde Piedrahita. Un mal entendido hizo que Camino se atreviera con él, y así le fue. Su esposa lo recogió sin agua y agotado en El Barco de Avila. Anteriormente, se había dedicado a beber la “cristalina” agua de algunos arroyuelos, tributo que pagaría tan solo unas horas después.

 

            Nos habíamos fogueado en territorio vueltómano, razón más que suficiente para crecernos ante las adversidades. Pero si las fuerzas no acompañan, es como si estuviésemos en La Doblas, ¿sí o sí?.

 

RUTA DE LA SIERRA DE LA PEÑA DE FRANCIA

 

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            Era una de las jornadas marcadas con asterisco en la hoja de ruta, con parada en La Alberca, el segundo pueblo más bonito de España según artículo publicado en el Magazine de El Mundo. La arquitectura de sus casas nos recordó a Santillana del Mar, sin ánimo de comparación entre salmantinos y cántabros. Eliminamos el Portillo de Las Batuecas, sabia decisión, eso sin contar con la emboscada que nos acechaba por esos desabitados parajes. Solo faltaron los indios.

 

            Montamos nuestras máquinas sin el apetito del día anterior, con Pepe Camino algo mermado por múltiples deposiciones. Pepe, ¿cómo se te ocurre beber en los arroyos?. Nuevo ascenso para Puerto de Béjar, indagando el cruce de Peñacaballera. En una rotonda apreciamos el cartel. Cambio brusco en el firme, la carretera se estrecha, y más aún cuando nos desviamos hacia Montemayor del Río. Una pronunciada bajada con increíble vegetación nos mete de lleno en el edén ciclista soñado. Montemayor se realza en un promontorio de singular belleza. El descenso finaliza en el pueblo.

 

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            Era el Puerto de Montemayor o también conocido como El Cordel, permaneciendo en “stand by” amenazando el retorno mazo en mano. La salida hacia Aldeacipreste no admite dudas. La indecisión vino con un muro al 16% que no terminaba. ¿Esto que es?. Parecía que iba a finalizar, y otro nuevo rampón al 18% termina agotando la resistencia de la cadena de Fernando. El de Villa Europa besó el suelo y los más retrasados se detuvieron, unos porque no podían más, otros interesándose por el percance, pero nadie hablaba. Como diría Pallarés, todos estábamos “garleando”. Había que seguir. El Niño del Polvero fue en su búsqueda con algunas herramientas para tratar de solucionar el contratiempo. El edén se tornó infierno durante varios kilómetros. Polvillo recordó el Angliru. En Aldeacipreste, aldehuela con más de cien habitantes contando perros y gatos, el autobús se detiene para saber de Baelo y del Niño, entretanto preguntamos por la salida hacia Colmenar. La estrecha y áspera calzada finalizaba en una calle hormigonada con tres bifurcaciones.

 

            Por delante marchaban Alejandro, Manolo Vega y Francisco. Fernando y Manolo Romero deciden volverse a Béjar para reparar la avería. En Aldeacipreste preguntamos por el nombre de la cuesta que habíamos dejado atrás a uno de sus lugareños:

- ¿La Cuesta esa?. No tiene nombre. Hay que tener cuidado, hasta los coches se paran porque no pueden.

 

            Unos corceles nos despiden del poblado, haciendo más salvaje la carretera de Colmenar de Montemayor, con varios toboganes y bastantes baches, pero con tramos muy benévolos. El tráfico es inexistente hasta la CV-135, cruce que tomamos dirección Sotoserrano. Disfrutamos de siete kilómetros de descenso, pero por otra parte pensábamos en la vuelta. El deslizamiento de Colmenar se agotó en el puente sobre el Río Alagón, el afluente más largo del Tajo de toda la cuenca española con sus 205 kilómetros. Un nuevo ascenso de tres kilómetros nos lleva a Sotoserrano. ¿Si Pepe estaba por detrás de nosotros, como aparece ahora por delante? Había llegado por el puerto de Lagunilla. Contactamos con la avanzadilla, y Manolo Vega nos comenta que hasta La Alberca el trayecto es durísimo. ¡Y fijaros quien lo dice!. El Maestro acabó con las ganas de sus alumnos de llegar a La Alberca. Eran quince kilómetros, con puerto incluído, Mogarraz, que había que vencer para que nuestra vista nos regalara un pueblo declarado monumento nacional en su conjunto. Las viviendas todas de piedra y vigas de madera destacaban en la calle principal, afluyendo a la Plaza Mayor, y como dice el proverbio chino: una imagen vale más que mil palabras.

 

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            El equipo estaba dividido. Alejandro, Manolo Vega y Francisco Polvillo se recreaban en La Alberca, y el resto se asentaba en Sotoserrano. Los tres primeros regresaron por el mismo recorrido a Baños.

 

            Desde La Alberca a Sotoserrano, se gozó la bajada de Mogarraz, justo hasta el Río Alagón, comienzo del puerto de Colmenar. El calor hizo más sacrificado su acceso, de esos puertos que se suben a tren, sin grandes porcentajes, pero que no le ves el final. El trío de ases giraba hacia Aldeacipreste, deseosos de repasar la cuesta que derribó a Fernando. ¡Vaya por donde hemos trepado!. ¡Ojalá no nos fallen los frenos y aterricemos!. Pensamientos de admiración y cierto recelo al descender. En Montemayor del Río se respira salud, solo con ver los bosques cargas pilas. Parece que la carretera se empina, claro, es El Cordel, puerto de cuatro kilómetros de selva. Pedaleamos sin darnos cuenta, regocijándonos, quien sabe si pasaremos alguna vez más por aquí. Peñacaballera nos acerca algo a la civilización con la tristeza de perder una senda inaudita. Manolo Vega, Francisco Polvillo y Alejandro felicitaron a Juan Leal. Había sido la ruta más bonita de sus vidas. Pero no todo eran alabanzas para “El Presi”.

 

            En Colmenar de Montemayor, el segundo destacamento cayó en una nueva celada rehuyendo el tramo de Colmenar a Peñacaballera: la carretera CV-135 con destino a Béjar se encontraba de obras. De Málaga, nos metimos en Malagón. Más de veinte kilómetros de pavimento donde combinamos tierra, baches y algo de alquitrán. Enrique se acordaba de la vispera: “Esperemos que nadie pinche”. Alguien dijo en voz alta que “la próxima vez que vengamos estará lista la carretera”. Se intentó coger una marchetita a petición de Enrique, sin lograrse, cada uno iba a su bola. Pillamos a una pareja de cicloturistas de alforjas, picándose el varón con uno de los nuestros. Dejó vendida a su compañera un buen rato. Eran alemanes, y parloteaban con El Viejo hasta que se produjo el demarraje. ¿Qué le diría Manuel para que arrancara de esa manera?.

Una milagrosa fuente en La Calzada de Béjar, hace que nos detengamos para refrescarnos. Empalmamos con la SA-220, Béjar a salto de mata. Nuevas cuestas, arriba, abajo. La llegada a la capital de Cubino, vengas por donde vengas, implica quitar el plato. Giramos ya hacia nuestra guarida. Cantagallo ya no era tan engorroso. Puerto de Béjar con su Fuente del Cántaro, ya estamos aquí, en Baños, en El Solitario. Lo celebramos con cervecita helada. Alejandro y “El Niño del Polvero” pusieron de moda las “tertulias cerveceras”. A más de uno, se lo tenían que llevar de la oreja a la ducha.

 

            Si Alejandro, “El Maestro” Vega y Francisco no paraban de hablar de la belleza de la jornada, el segundo turno bromeaba con Leal: ¿Para mañana que sorpresita nos tienes preparada?. Juan respondía con agudeza:

- Mañana le diré a Bea que meta solo seis jarras en el congelador. Primaremos con “birra” helada a los seis primeros.

 

RUTA DEL VALLE DEL AMBROZ

 

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            Tercer envite y tercera enmienda. Encarar el Jerte suponía más de cinco horas de bici, con los puertos de Honduras, Tornavacas, La Hoya, Cantagallo… Despreciamos uno de los valles más preciados de la península concentrándonos en El Ambroz, con los puertos de la Garganta y Honduras.

 

            Con un nuevo miembro apuntado al carro, el madrileño José María, y Camino muy tocado con su descomposición digestiva, nos pusimos en marcha. Reaparecía la ventisca, ausente ayer afortunadamente. Las temperaturas habían caído a los doce grados, y el tempranero descenso hasta el pueblo, nos erizó el bello justo hasta la herradura de entrada. De la cerrada curva nace un camino forestal asfaltado dirigido a la extinta estación de ferrocarril, y que se continúa hasta enlazar con la carretera que une Hervás y Candelario por el Collado de Las Angosturas. Entramos en el comienzo del puerto de La Garganta, suave al principio, con arbolado característico y templada pendiente hasta el desvío del apeadero del desaparecido tren Ruta de la Plata. En estos primeros compases vamos tranquilos, demostrando El Niño del Polvero una de sus principales habilidades: el autoenfoque con su cámara digital. Como podéis observar, es un artista.

 

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            La subida se endurece en dos herraduras encadenadas con rampas superiores al 10 %. El pelotón comienza a perder unidades, Camino, El Viejo, los Juanes… Otra nueva herradura nos introduce en una porción algo más suave, sobre el 5,5% durante dos kilómetros, emanando el oxígeno en su más puro estado desprendido de la frondosidad. Es una auténtico placer avanzar en sombras boscosas, y ya llevamos varios kilómetros al 6%, es como si rodaras en llano, sin agobios, sin cansarte. Una gigantesca roca con una fuente a la derecha nos avisa de la cercanía de uno de los pueblos más altos de la comarca, La Garganta, a 1.125 metros de altura.

 

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            La carretera se empina en una curva a la derecha al 12% con las primeras casas. La travesía es breve. Nos ponemos de pié para salvar la nueva curva a la derecha que nos expulsa de La Garganta, apretando la pendiente. Alejandro y El Niño se pican con estas rampas, Alejandro se va, no puede Manolo con el ritmo del ingeniero. La subida se remata pasado un kilómetro en la intersección Hervás-Candelario. Han sido ocho los kilómetros de ascenso con una pendiente media del 6%. ¿Quién no está ya calentito?.

 

            Nos apresuramos hacia Hervás, ahora toca disfrutar de un precioso descenso, recreándonos con el selvático paisaje. ¡Mira que si aparece Tarzán!. Encontramos una pista, la morada del mítico personaje con una cimentación impensable en las construcciones modernas. Vean, vean…

 

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            El descenso es muy técnico, con bastantes curvas, con algunos tramos empapados por filtraciones acuíferas que nos hacen tomar precauciones. Nos aproximamos a Hervás, localidad distinguida por su barrio judío. Concluimos la bajada en el pueblo con un tramo donde la pendiente cae bastante hasta la llegada al puente de piedra sobre el Río Ambroz. Esperamos a los compañeros rezagados para atravesar todos juntos la localidad de las pieles. A nuestra derecha dejamos otro de los símbolos del municipio hervasense, el cuidado parque Primer Premio Nacional de Embellecimiento y Conservación por la Dirección General de Bellas Artes en 1.971. Giramos a la izquierda en el indicador del Valle del Jerte. El plato fuerte del día va a comenzar, el Puerto de Honduras, visitado en varias ocasiones por la Vuelta a España. Sus datos no admiten lugar a la duda: quince kilómetros al 5,5%, un primera categoría de 1.430 metros de altura, una de las subidas más espectaculares de la península.

 

            La voz de Juan Leal proclama las hostilidades: “comienza puerto”. En la cima espera el Trofeo Honduras, donado por la Concejalía de Deportes de Espartinas. Mientras El Niño se emplea en sus labores de reportero, Alejandro se comporta como un pillo, tirando a muerte desde abajo. Cuando se dio cuenta, la distancia entre ambos era insalvable. Nos quedamos con las ganas de ver el duelo entre ambos en un puerto que podía favorecer a Manolo al no tener desniveles importantes.

 

            La ascensión arranca en el mismo Hervás con un arbolado colorista, visión primaveral que nos acompañará durante una buena parte de la escalada con el músculo cardíaco trabajando desahogadamente al principio. Pinos, castaños y robles nos protegen de los rayos solares, pero impiden por otra parte tener una buena panorámica del valle. Los primeros tres kilómetros sobre el 5% nos sirven para ir haciendo el cuerpo al nuevo cambio de desarrollos. El pavimento es del estilo de La Garganta, muy bueno, ayudando además de las sombras a rodar con facilidad. La selección se impone en el orden habitual, Camino, El Viejo, Juan Márquez, Juan Leal, Miguel… Manolo Romero pone el turbo, caza a Fernando y a José María, coge al Maestro Vega, pero no divisa a Alejandro. En la zona de las herraduras, el madrileño tiene una nueva ventaja, divisando desde arriba al espartinero sin ser visto. Las dos primeras están separadas por unos trescientos metros. La pendiente media sube al 6%. Otra nueva herradura a izquierda, delata el trozo más dificultoso con rampas del 9%. El firme se torna muy rugoso, con baches, incluso piedras que tenemos que esquivar. ¡Vaya cambio!. La cuarta herradura aclara el suelo. Pero sorpresa, nuevo trecho bacheado, y muy arrugado que no dura mucho a Dios gracias. Superadas las dos últimas curvaturas, encaramos el trayecto final en todo lo alto para superar este grandioso paso de montaña. Una casilla a la izquierda era la contraseña del final, ya que no existe señalización indicadora. En rosario y estupefactos aterrizaba la peña. El del Polvero le recrimina a Alejandro su acción, no sabemos si de bromas o en serio con su peculiar claridad: “Eres una maricona”. Muchas fotos, de todas las posturas. Ahí queda esta perspectiva de Honduras, un puerto que no cuenta con la atracción del aficionado, algo que nunca entenderemos.

 

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            ¿Os imagináis como fue el descenso? Pues sí, sencillamente una gozada. Realizamos una bajada conservadora, para recrearnos más aun con la belleza de sus bosques, la sensación de bienestar, la vida que transmite, son valores inyectados en esta ruta del Ambroz, que se aproxima a su final. Nuevamente en Hervás, buscamos la salida a la nacional 630. Todos nos preguntábamos por Pepe Camino, pero no aparecía por ninguna parte. Descendemos un kilómetro antes de frenarnos en seco: la carretera la estaban asfaltando. Juan Leal lo soluciona rápidamente; media vuelta, y salida por el cruce más cercano a Aldeanueva. Nos entretenemos mirando nuevamente el parque cuando Vega aprovecha para dar un tirón. Leal le da un relevo, y entre los dos ponen el pelotón a 50 por hora. En un momento hemos llegado a la nacional 630. Viramos a la derecha en sentido Salamanca. Rebasamos la tienda de pieles y el empalme a Hervás por donde queríamos regresar. Sin protección montañera, el viento nos castiga por el valle. Si añadimos que la calzada comienza a levantarse, que traemos dos puertos de montaña en el saco, que las piernas van pesando, que…, la llegada a El Solitario será sufrida. Los primeros espadas al llegar a Baños, incrementan pedaladas y pulsaciones. Las niñas de Juan Márquez nos aplauden y nos animan con esa dulzura transmitida por sus padres, “Venga Papi, Vamos abuelo”. En el Hotel La Glorieta tenemos una nueva herradura a derechas, seguimos hacia arriba, la fuente, otra herradura completa, ahora a la izquierda, justamente ahí nos desviamos para La Garganta. No paramos de subir. Sobrepasamos Baños de Montemayor, el Cuartel General nos espera, para celebrar con cerveza el éxito de una nueva jornada, con la mujer y los niños, con tomate al perico, chorizo asado, más cerveza… ¿Será así el cielo?.

 

RUTA DE LA SIERRA DE BEJAR

 

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            Al cuarto capítulo le anulamos el Tremedal, y nadie protestó. El tiempo no acompañaba, el mercurio seguía descendiendo y la nubosidad cubría los picos mas elevados. Ojalá el fuerte viento arrastre velozmente estos nubarrones. ¿Cómo estará La Covatilla?, era la incógnita preferente. Manuel El Mecánico se incorporaba a la escuadra ampliando interrogantes: ¿Sería capaz de subir la estación invernal de la Sierra de Béjar con ese desarrollo?. Su crónico buen humor y su moral, a prueba de bombas, eran sus armas. Coraje, por no decir otro vocablo que también comienza por C, le sobra al de Olivares.

           

            Frío de salida, doce grados. Elegimos la mayoría equipación veraniega. Llevábamos cuatro días en Baños y nos creíamos doctos en meteorología. ¿Quién se va a vestir de invierno con lo que nos espera hoy?. Comenzar subiendo no gusta, pero no nos queda otra. El camino nos lo habíamos aprendido bien desde el primer día. En Puerto de Béjar ya tenemos hecho el calentamiento, Cantagallo baja humos, y Béjar afina la preparación. Doblamos a la derecha en la SA-100 para enlazar dos puertos en uno, La Hoya y La Covatilla. Mucho ha tardado El Mecánico en soltar una de las suyas: “Llevo veinte kilómetros y todavía no he visto ningún llano”. Y lo peor estaba por llegar.

 

            Manuel estaba en lo cierto. La aproximación a La Hoya es suave al principio, para aumentar progresivamente la pendiente, con tramos hasta del 9%. Llegamos al pueblo más alto de toda la provincia charra, a 1.260 metros. A lo lejos divisamos la señal más anhelada: LA COVATILLA 9 KM.

 

            Laudelino Cubino fue su descubridor. Lale es en Béjar lo que Espartaco en Espartinas, un ídolo de masas, su personaje más importante. En 2.002 consiguió convencer a Unipublic para traer la Vuelta a la recién inaugurada estación invernal. La decimooctava etapa, diseñada por el propio Cubino, partía de Salamanca por la Ruta de la Plata para completar 193 kilómetros con los puertos de Honduras, Tornavacas, Tremedal, La Hoya y final instalado en la montaña bejarana. La fiesta fue completa con triunfo de Santi Blanco y Roberto Heras segundo y maillot amarillo. Desde entonces, todos los años pares han sido premiados. En 2.004 el colombiano Félix Cárdenas llegó destacado, con Santi Pérez pisándole los talones y Heras tercero defendiendo su túnica amarilla ante los ataques del explosivo ciclista de Grado. 2.006 repitió trazado, con Piornal, Honduras y El Cerro, pero no protagonistas; Di Luca le sacó cuatro segundos a Brajkovic. ¿Quién imitaría a este trío de grandes escaladores logrando el segundo de los trofeos?. Todos lo teníamos muy claro.

 

            Invadimos la carretera de acceso a la estación con una aliviada inclinación. Tomamos aire en el llano previo a la zona verdaderamente dificultosa de la escalada, con el zig-zag que precede al gran combate. Son cuatro kilómetros donde la pendiente media no desciende en ningún momento del 10% con muros del 14, 16 y 18%. La cosa comienza a complicarse posterior al zigzagueo, con la primera curva a la izquierda. La sucesión de media docena de herraduras con sus respectivos muros, te va castigando como el Miura entrando al caballo. Para darle mayor emoción, en el tercer kilómetro aparece la niebla, compañera hasta la mismísima cima.

 

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            Superados estos cuatro mil metros, tomamos moral, lo más difícil ya está hecho. En el siguiente peldaño sobre el 7%, te creces. En el antepenúltimo eslabón te disparas; aunque tiene un muro al 11%, su media supera escasamente el 5%. Cuando nos creíamos ya todopoderosos, emerge el penúltimo escalón con repeticiones de rampas entre el 14-16%, y con un añadido: que te pilla por sorpresa porque la intensa neblina nos tiene cegados. Mejor así, se sufre más viendo la perspectiva. El que no se consuela es porque no quiere.

 

            La angustia es colectiva. Los más fuertes se emplean a fondo, los demás luchan prácticamente sin armas y a pecho descubierto, pero nadie duda de la victoria. El último kilómetro se hace ya por co…, y si no, haberte quedado en casa. Los gritos de ánimo de los compañeros delata el final. ¡Por fin llegamos!. Desde la Hoya, fueron ocho kilómetros al 8,5% de media, ¡Uuuuffhh!.

            Los Manolos le pusieron muy difícil el triunfo a Alejandro, que consiguió el Trofeo La Covatilla llegando en solitario a la nublada meta. Repetía el ingeniero victoria dominando en la Sierra de Béjar. Honduras y La Covatilla, dos de dos para el fino grimpeur madrileño, sevillano de adopción. Le brindó el éxito a su novia, como regalo de bodas. El paladín estaba en capilla.

 

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            Frío, mucho frío, cuatro grados, y viento. Nos refugiamos esperando a los colegas detrás de la roca que soporta la férrea veleta. La cabecera bajó primero. O bajas, o te hielas. El Niño de Polvero, compañero como pocos, no solo aguantó serenamente que llegáramos todos, sino que le dio su chubasquero a Alejandro.

 

            El panorama era desolador. La calzada mojada, niebla a raudales, y los cuerpos helados por la hipotermia. No podíamos estar más tiempo a 1.960 metros de altura en esas condiciones. El calvario había concluido, pero no se vayan, falta el Vía Crucis.

 

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            Había que armarse de valor y descender, despacio, muy despacio, masajeándonos por el camino para no congelarte. Si te paras, te mueres. Empiezas a tiritar, los dedos no te los sientes, las piernas inertes y el cuerpo un glaciar. Mueves los brazos para que la sangre circule y llegue hasta los tejidos más distales. Y pasas miedo, ¿llegaré abajo?. Te acuerdas de los alpinistas que mueren de frío en el Tibet. Te pasan muchas cosas por la imaginación en ese momento. Te cruzas con un ciclista y le dices que desista, que se vuelva. ¡Estás loco, chaval, vuélvete!.

 

            Loco. Esa es la palabra. Hay que estar desequilibrado para hacer estas cosas. Pero loco está ese chaval, nosotros no. Y no estamos locos porque el horizonte se aclara, la niebla va menguando y se te olvidan rápidamente los malos pensamientos. En calor no consigues entrar, ni llegando a La Hoya cuando sabes que lo peor pasó. La carretera cae de nuevo, y hay que frenar para no coger mucha velocidad. El Hotel de Cubino era el lugar elegido para el refrigerio. ¿Tienen ustedes caldito bien caliente?. Era lo que se apetecía.

 

            Preguntamos por la persona más importante del reino, y  éste demostró una vez más su categoría. Accedió a atendernos. Charlamos con él amigablemente, de tú a tú, y dejamos para la posteridad esta foto, el día que subimos a su montaña. Para nuestros adentros llevamos su frase: “La Covatillaes un puerto para hombres”. Lo dijo Cubino.

 

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            Nos despedimos del ídolo agradeciéndole su gesto: atender a catorce admiradores que venían de muy lejos soñando tener una foto con un grandísimo campeón, en lo deportivo y en lo humano. Y salió el sol.

 

            El resto ya lo conocemos. Era la cuarta vez que llegábamos a nuestra morada. El Mecánico no había entrado en calor: “¿Estará la chimenea encendida?”. La cerveza no se cogió con tantas ganas, o por lo menos las tres primeras. La Mahou nos devolvió la vida.

 

            Poner a un grupo de catorce individuos de acuerdo es harto complicado. Pues bien, el descenso de La Covatilla lo consiguió. Es más que probable que en pasado o en futuro, las bajas temperaturas nos hayan castigado o nos castigarán, pero para nosotros siempre será hoy, sábado 14 de julio de 2.008, el día que más frío pasamos de toda nuestra existencia. Y siempre lo recordaremos porque estábamos haciendo lo que más nos gusta. Tendremos que oír muchas veces aquello de “hace más frío que el día de La Covatilla”, ¿o no?.

           

RUTA DE LA SIERRA DE CANDELARIO

 

            Amargo amanecer. Hoy nos vamos, pero no nos podíamos despedir sin la última ración, ¡pedazo de etapa!, corta, marcada por las circunstancias. Con Bea habíamos pactado la salida después del almuerzo; otro grupo numeroso ocupaba nuestro nido, ¡que envidia!.

 

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            ¿Estamos todos?. ¡Vamos que nos vamos!. Cielos despejados y clima cálido de salida. Bajamos a Baños para encarar la preciosa subida de dos jornadas atrás, La Garganta, para templar nervios. No nos exprimimos, fuimos todos juntos prácticamente hasta el pueblo. Desde arriba examinamos con gozo y desconsuelo a la vez, la perspectiva del pueblo y su embalse, con el marco del Valle del Ambroz de fondo. Un auténtico placer.

            La roca de La Garganta proclama el pequeño municipio paporro, a más de mil metros. Saludamos a la vecindad tranquilamente. Un par de rampas con más del 10% nos recuerda que vamos subiendo, y es que no lo parece. Rebasamos el pueblo en busca de la carretera que procede de Hervás. Esa es la nuestra, pero dirección Candelario. Descienden los porcentajes en el cruce, sobre el 4% un par de kilómetros, hasta llegar a su máxima altura. Nos ocurre como en Honduras, no hay ni rastro que indique la máxima cota, los 1.320 metros del denominado Collado de Las Angosturas, como así se conoce la vertiente de este puerto por Hervás. Para nosotros, que precedemos de Baños, han sido doce kilómetros al 6% de media. Sus números están ahí, aunque no lo parezcan por su singular belleza. En sus pinares postreros destaca el Pozo de las nieves, curioso enclave en el que se almacenaba la nieve hasta el siglo pasado, para conservarla y venderla posteriormente a la llegada del verano. Su traslado hacia Plasencia, Mérida, Salamanca o Zamora, se hacía por la noche en bestias para protegerla del calor.

 

            Nos reagrupamos antes de sumergirnos en otro amplio bosque camino del gran Hércules de la Sierra de Candelario, El Travieso. Para ello, nos embelesamos rodando por estos desahitados rincones serranos, hasta divisar una pulcra presa, el embalse de Navamuño o de las Angosturas.

 

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            Prolongamos hasta Candelario la caída del Collado de las Angosturas. Se dice que en Candelario, para resaltar su riqueza, los perros se amarran con ristras de longaniza a las puertas. Si hubiera habido alguno, lo hubiera captado El Niño del Polvero, y nos consta que no fue así. 

 

            A la par que nos encañonaba, el monte corito se estaba dejando querer. Acechándonos desde 1860 metros, El Travieso, ¡vaya con el nombrecito!, dictará la cruel ley de la supervivencia. En todo lo alto reposa el trofeo concedido por el Ayuntamiento de Espartinas, distinción exclusiva al primero que llegue a este alto de categoría especial, vecino de La Covatilla y gran desconocido en el mundillo ciclista. Diez kilómetros al 8% de media son sus apellidos por la ladera de Hervás, pudiéndose casi duplicar si lo afrontamos por Béjar.

 

            En el mismo pueblo sufrimos los desniveles más suaves de todo su ascenso, con un primer kilómetro al 6%, primera toma de contacto que aplacará las encarnaduras de los que pedían guerra. Desde aquí, la pendiente media no baja en ningún momento del 8%, como este segundo kilómetro que se rompe en una recta de desniveles superiores al 12%. Las chacinas de la factoría Navidul desentierran el apetito, tercer grado al 9% con la primera de las herraduras. El grupo ya estaba hecho añicos a pesar de la preciosista subida. Un par de herraduras más nos llevan a la zona de mayor aprieto, en el ecuador. Se suceden los rampones al 12%, otra herradura con un nuevo muro al 15%, otro al 13%, ¿pero donde nos hemos metido?. El Travieso se atraviesa. Sextos mil metros al 9%, ahí es nada, nuevas paredes, esto no para, ni un solo falso llano. Como esto siga así, me vuelvo. Más que amor frenesí, como el film de Miguel Bardem. Un oasis, la Plataforma, diez metros de llano. Vicente, Miguel, Juan Márquez y El Viejo echan el ancla en el Albergue de la Plataforma. ¿Ahora nos vamos a desinflar?.

 

            Solo quedan tres kilómetros, con las vistas de toda la comarca. Otra herradura, a la derecha, parece como si los desniveles se hayan estancado, pero no es cierto, siguen al 8% martirizando al ya mermado rosario de corredores. El penúltimo piso nos vuelve a castigar con inclinaciones al 12%. Una nueva herradura a la izquierda, ya queda menos. Al 10% el último kilómetro. ¡Allez, allez!. Todavía quedan fuerzas para pensar en francés, así nos gritaban en el Tourmalet. Nueva curva a la derecha, y ahora si vemos el final. Nos ponemos de pié, esprintamos. ¡Lo conseguimos!.

 

            Aquí tenemos al ganador. ¿Quién no conoce al Niño del Polvero?.

 

            Los cuñados, Fernando y José María subieron juntos, sprintando en meta por la honrilla familiar. Y es que cuando te enfundas un maillot, no se conoce ni a la familia.

 

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            Impresionante el cuadro. Los picos Calvítero y Canchal Negro, Candelario y su embalse, en lontananza Béjar y La Covatilla, La Plataforma… Allí nos reagrupamos, con hambre. Bocatas fuera, acuarios, refrescos. Rápido papeo, que nos coge el toro.  Cuidadosa bajada hasta Béjar, que es la última, no vayamos a tener que abrir el botiquín. Volamos por la Sierra de Candelario, con sensación vital, cargados de moral, bromea como siempre Manolo Romero, y El Mecánico. Ni tan siquiera protesta El Viejo, que ya es raro. Estamos a punto de pasar página. Que pronto nos han ido los cinco días. ¡Pero si estamos ya en Béjar!. Paramos en el semáforo. Giro a la izquierda agotando su batería El Niño.

 

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            Sigue la bajada, y se lanza el Maestro a tumba abierta, le sigue su curso, sus alumnos. Llega el repecho de Cantagallo y sigue el pique. Alejandro pega un palo, le responden los Manolos, a setenta por hora. Puerto de Béjar, esto se acaba, que ya hemos llegado. El Solitario, hogar, dulce hogar durante cinco días, o para toda la vida, como el inglés que llegó para un fin de semana en octubre del pasado año, y ya lleva nueve meses. Así es esta tierra.

 

LOS ACTOS

 

            Después de una reconfortante ducha y hacer los equipajes, nos sentamos a comer. La casa nos preparó para la ocasión sus mejores platos, paella valenciana y caldereta de cordero, ¡y como estaban!.

 

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            Con nosotros Rafael Ferreras, Alcalde de la villa y José Antonio Sánchez, Técnico de Turismo, todo un lujo para la despedida. Nos habían preparado varios regalos y los diplomas conmemorativos. Por nuestra parte, llevábamos dos placas de agradecimiento, para la Alcaldía y para El Solitario.

 

            Rafael Ferreras, pronunció un discurso cariñoso después de la sabrosa comida, animándonos a repetir hazañas semejantes. Cuando terminó, Bea quiso decir unas palabras. Y las dijo emocionándonos a todos, por nuestro comportamiento como grupo, por la corrección durante nuestra estancia. ¡Anda, pero si eso lo tenemos que decir nosotros!. Nuestro presidente le hizo entrega de la correspondiente placa. Ahora la emocionada era ella.

 

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            Y se fue para seguir con sus quehaceres. Posteriormente se entregaron todos los diplomas, uno a uno fueron recogiendo su título cada uno de los protagonistas. Entre los más aplaudidos, Fernando, el oriundo. De pequeño hasta jugó con Quintín, casualidades de la vida.

 

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            Al presidente le toco cerrar el acto. Primero le hizo entrega de la placa de reconocimiento al Alcalde, para después, y embargado por la exaltación, agradecer la presencia de las autoridades y sus obsequios, destacando la gran familia que forma el Club Deportivo Espartinas Tilde.  Emoción en el adiós, y fotos muchas fotos, brillante colofón de esta ruta en bicicleta imperecedera.

 

CORRESPONDENCIA

 

            A Inmaculada Romero, edil de deportes de Espartinas. En épocas de vacas flacas, colaboró hablando personalmente con el Alcalde de Baños, explicándole nuestro proyecto. Ella es también “culpable” del trato que hemos recibido.

           

            Al Alcalde de Baños de Montemayor, le hacemos llegar nuestra más distinguida consideración. La política es complicada hasta en los pueblos pequeños, ¿verdad Rafael?. José Antonio no se puede decir que ocupó un segundo plano. Sin ser gobernante, Sánchez contribuyó en la oscura labor de receptor y subsiguiente burocracia del plan. Era, y seguirá siendo nuestro enlace.

 

            A Lale Cubino, amable siempre con la afición. Para ser campeón no hace falta ganar una gran vuelta, Y Cubino lo es, con etapas en las tres grandes, y lo que más atrae es que da siempre la cara. ¿Hay alguno que no haya enmarcado la foto en el portal de su hotel?.

 

            A Rafael Martínez padre, nuestro mánager. Motivos laborales le impidieron estar al volante del furgón de apoyo, reminiscencia permanente durante la ruta. Rafa, has sembrado tu semilla, y ya no hay arreglo. Y hablando de semilla, Rafalito, a Alejandro, Manolo Vega, El Niño del Polvero…, hubieran donado su sangre por rivalizar contigo en La Covatilla y El Travieso, puertos duros donde los haya, como a ti te gustan. No perdemos la esperanza de volverte a ver un domingo en la gasolinera, para darte toda la caña del mundo, hasta que la lengua te llegue a los rastrales, como decían los antiguos.

 

            A Expobici, perpetua cooperación con el repuesto, y si se consume algo, David dice que ya nos lo cobrará. ¿Cuándo?. Es hora de te apuntes al carro.

 

            El final lo reservamos al COMPLEJO TURÍSTICO RURAL EL SOLITARIO, con mayúsculas, subrayado y en rojo. Es la única forma que tenemos de manifestar nuestra placentera estancia. Las atenciones por parte de la empresa fueron tales, que antes de escribir estas líneas, ya hay más de una familia que ha regresado al paraiso, sí, paraiso. Así nos sentimos en esta casa. Juan Leal se quedó corto con sus halagos. No hay términos en el diccionario para expresar su tratamiento.

 

            Gracias Quintín, por entretener a los críos enseñándoles la granja, y por prepararnos el desayuno. Los bocadillos nos insuflaban las calorías suficientes para llegar hasta Asturias por lo menos. Mil gracias Satur, por tu amabilidad, y por estar ahí detrás, pendiente siempre de nosotros, y creando escuela en esa magnífica plantilla de asalariados. Y un millón de Gracias Bea, siguiendo el hilo paternal con tu dulce seriedad, o con la habitual media sonrisa simulando a tu progenitora. Tienes un tesoro en tus manos, caudal que tendrás que mantener con tus múltiples valores.

Os llevamos en el corazón, y lo decimos de verdad. El Solitario ha pasado a formar parte de la historia de este Club.

 

            Para el recuerdo queda este menú, aderezado con la profesionalidad que caracteriza a la jefa de cocina. Muchos repetíamos plato, sobre todo sus sabrosas sopas. Y si algún pequeñín ponía mala cara, rápidamente se percataban, canjeando su ración.

 

  • Desayunos: café con leche, zumos, bocadillo de marisco de la dehesa y dulces a base de bollería para los ciclistas. La familia podía solicitar además tostada o churros caseros.
  • Martes noche: ensaladilla y chuletas con patatas fritas.
  • Miércoles mediodía: macarrones con tomate y caldereta de ternera.
  • Miércoles noche: gazpacho o sopa de calabacines y lenguado con su guarnición.
  • Jueves mediodía: fideuá y presa de pollo en salsa.
  • Jueves noche: sopa de garbanzos o menestra de verduras y tortilla española.
  • Viernes mediodía: lentejas o macarrones a la carbonara y carne en salsa con patatas.
  • Sábado mediodía: patatas aliñadas y estofado de ternera.
  • Sábado noche: sopa de marisco y San Jacobo con patatas a lo pobre.
  • Domingo mediodía: paella valenciana y caldereta de cordero.
  • Postres a base de fruta del tiempo, natillas, helado, yogourt, flan, mousse de chocolate…
  • Cerveza, vino, agua mineral y refrescos a demanda. No escatimaron en bebida. No conforme con la ofrenda, Bea nos regaló en la clausura una botella de vino por cabeza. Reproducimos aquí sus palabras:

“Juan, aunque sé que os gusta mucho la cerveza, quiero que os llevéis un recuerdo de la cosecha de mi tierra. Aceptadlo de buen gusto, es pitarra extremeño.”

 

            En régimen de pensión completa, 35 euros los adultos y 20 euros los menores de 12 años, como en las consultas médicas, con cita previa.

 

EPÍLOGO

 

            La identificación del cronista es asunto fácil para todos los socios o simpatizantes del Club. Para aquellos que no lo sepáis, el que os ha estado torturando con semejante texto es Juan Leal, y ahora sí os voy a hablar en primera persona.

 

            De pequeño, soñaba con pedalear por esta bendita tierra, y ya lo había hecho en el año 1994, pero solo. Nunca imaginé tener un Club como este. Desde su fundación, mi Club, mi segunda familia, me ha seguido con los ojos cerrados en mi esquizofrenia ciclista, a Francia, a Los Pirineos, a Santiago, y ahora a Baños de Montemayor, pueblo con el que tuve un flechazo a principio de la década de los setenta y del que sigo enamorado, de su entorno, de su gente. Me acuerdo de Antonia y Adolfo el Negro, de Sagrario y su hermano, de Gabino y Esther, de su cuñada Clara, de las niñas Toñi y Leonor, de las “anchoas del país” y del “tomate al perico” de El Refugio, de cómo nunca decían la verdad Vicente y su señora con sus recetas, de la señora Angela y su sobrino Pepe el tendero. De los Regidor, primera casa de huéspedes al no tener mis padres dinero suficiente para pagarse un hotel, de su bodega, de los sabrosos churros que sirve su hijo Carlos en el bar que regenta, de Felipe y su Glorieta, de los cestos y mimbres de Shangai, de lo serio que era El Estanquero, de Quintín y sus máquinas, de la cortesía de Satur atendiendo en su negocio, de Bea y su hermano de pequeños, de su primo Rober todavía zagal un verano que les estuvo ayudando…

 

            Hago un punto y a parte porque este señor se lo merece. Cuando estaba en cuarto de primaria en los Salesianos de Triana, tuve la suerte de tener de tutor a un recto profesor, de los que marcan un antes y un después en tu educación. Me enseñó los verbos de una forma que aún no se me han olvidado, y así los repasaba con mis hijas cuando eran pequeñas. Temíamos que dijera “pónganse en corro”, porque nos preguntaba las tablas, el sujeto y el predicado, los mandamientos…, y nos instruía a la vez. Todos le teníamos gran respeto, y con el paso del tiempo esa consideración se vuelve admiración y nostalgia. Don Federico era maestro de maestros, con su voz fuerte y ronca nos repetía una y mil veces su doctrina. Fede el Maestro, como así se le conoce, toreó en la plaza de toros de su tierra, y hasta hace poco en El Solitario había una foto donde se veía al ya veterano aficionado en su segunda gran pasión, los toros. Hoy reside en la Plaza de Pizarro detrás del Ayuntamiento, hasta que Dios quiera, aquejado de una enfermedad incurable. Don Federico, sin ser trianero, será recordado eternamente en mi barrio, Triana. Varias generaciones de sevillanos llevamos en nuestras carnes su imborrable sello. Fede fue torero y maestro de Triana. Transmitió su sapiencia en el distrito de Juan Belmonte, Sevilla y Triana, la de la Cava de los Gitanos, y la Cava de los Civiles. Don Federico, genio y figura…

            ¿Entendéis ahora mi nexo con Baños de Montemayor?.

 

            A Mari Carmen, mi querida esposa, le entregué la receta que me dio Bea del “tomate al perico”. Era una forma de distanciar el mono del riquísimo plato. La misma tarde que llegué se puso a prepararlo. Como aperitivo, en Sevilla, y con 40ºC, no veas como entra. Cuando paladeo el primer trozo de tomate, aprecio algo, es casi igual su degustación, pero hay algo diferente que no sé explicar.

 

- Mari Carmen, te ha salido casi perfecto. ¿Lo has hecho al pie de la letra?, le hablé en tono de felicitación.

- Por supuesto, ¿notas diferencia?, respondió extrañada ella.

- Noto algo, no sé, como si le faltara un ingrediente, apunté desconcertado.

- Querido, el ingrediente que le falta no se lo puedo dar yo, alegó muy confiada.

- ¿Cómo que no?, le contesté malhumorado.

- Imposible. Lo que le falta es comerlo allí, en El Solitario.

 

Argumentos no le faltaban, por mucho que mi señora se esmere, nunca será igual.

 

            Gracias a todos y por todo.

 

            Hasta siempre.